Hace pocos días fueron publicados los resultados de la más reciente encuesta Gallup correspondiente al mes de febrero.
Este es el primer sondeo de Gallup, que tradicionalmente cubre las cinco principales ciudades, después de las protestas ciudadanas que sacudieron el país a finales del año pasado. Si bien los niveles de pesimismo y desfavorabilidad de muchas áreas se mantienen elevados, se percibe un pequeño efecto “rebote” luego del impacto del paro de noviembre pasado.
De hecho, el porcentaje de encuestados que consideran que las cosas en Colombia están empeorando bajó seis puntos a 73 por ciento mientras los pocos optimistas subieron cinco puntos a 16 por ciento. Es decir, regresaron a los niveles registrados en las mediciones anteriores a las protestas.
Pequeños rebotes como éste se encuentran por todo el sondeo cuando le preguntan a los encuestados sobre el rumbo de algunos sectores y políticas públicas como, por ejemplo, la economía, el cubrimiento de la salud y los servicios públicos.
Hasta en el desempleo, cuya medición del mes de enero alcanzó una preocupante tasa de 13 por ciento en el total nacional, los colombianos redujeron un poco su percepción negativa.
Incluso hay unos cuantos sectores donde este rebote post-paro no es tan menor: en educación el optimismo sobre su rumbo saltó diez puntos porcentuales y en apoyo al campo el pesimismo cayó 13 puntos. No parece ser coincidencia que sea precisamente en el tema educativo donde el Gobierno haya concentrado anuncios importantes en los dos meses pasados.
Dicho esto, en la mayoría de las áreas sociales, económicas y políticas los índices de pesimismo registrados siguen siendo muy altos. La radiografía del estado de ánimo del país no ha dejado de reflejar el descontento. Lo que muestran estos pequeños rebotes es que la combinación de las acciones de la Casa de Nariño con los errores de los promotores del paro frenaron la espuma del malestar. Pero el malestar indudablemente continúa como lo refleja la encuesta.
La economía y la seguridad son dos de las áreas en las que la preocupación ciudadana se mantiene. Uno de cada cinco encuestados identifica el poder adquisitivo y los temas económicos como el principal problema de Colombia.
En cuanto a la lucha de pobreza, el 73 por ciento considera que el tema va empeorando, el registro más pesimista en 12 años de medición.
Tres de cada cuatro colombianos cree que la situación con la guerrilla está empeorando, un aumento de 27 puntos porcentuales en comparación al inicio del gobierno Duque. Para una administración que tiene altas expectativas en el manejo de la seguridad, estos son números que merecen la máxima atención.
La crisis institucional que ha traído el descontento también se mantiene a pesar de algunos pequeños rebotes. Por ejemplo, los empresarios registran prácticamente un empate técnico entre su favorabilidad y su rechazo. Las reflexiones del sector privado sobre su papel en una sociedad inequitativa y en descontento deben continuar y tener mayor difusión.
Preocupa la desfavorabilidad de la Junta Directiva del Banco de la República (39 por ciento) frente a una imagen positiva del 37 por ciento. Un ejercicio similar al del empresariado debe darse en las autoridades económicas.
La combinación de percepción negativa de la economía y de la seguridad constituyen un desafío para el presidente, Iván Duque, quien registra en esta encuesta Gallup su punto más bajo de popularidad: 23 por ciento. Que el pequeño rebote post-paro ni siquiera haya movido la aguja de la imagen presidencial refleja la urgencia de un giro en la narrativa del Gobierno.