La oración y la fe, que se viven con más intensidad en Semana Santa, ayudan a llevar mejor los males y a que las familias y los pacientes estén más tranquilos y tengan mejor salud mental.
Tener una espiritualidad muy arraigada, orar y contar con la compañía propicia, no solamente sirven para mantenerse en paz y tranquilo consigo mismo y con los demás, sino que ayuda a llevar mejor las enfermedades, tener calidad de vida y una buena salud mental. Esto lo han comprobado diferentes estudios mundiales, uno de ellos realizado en Colombia por la Universidad del Valle y la Asociación Colombiana de Geriatría, que encontró que los ancianos que han tenido cierto acercamiento a lo largo de sus vidas con la religión y la espiritualidad, saben llevar mejor el hecho de que están envejeciendo, tienen mejor salud física y mental, y viven más que los no practicantes.
Otro estudio, realizado por médicos canadienses e israelíes, demostró que la práctica de la oración retrasa el avance del mal de Alzheimer.
De la misma manera, una investigación hecha en Chicago expuso que la religión ayuda a proporcionar un sentido de esperanza, paz y bienestar, lo que reduce las hormonas estresantes que dañan la salud.
“Las personas mayores son muy dadas a la fe. Antes, ellos pensaban que se enfermaban porque Dios lo había querido, pero esto ha cambiado. Ahora se maneja mejor el dolor y la angustia, gracias a esa espiritualidad; eso sí, sin rechazar las terapias y la función médica”, señaló María Francisca Echeverri, presidente de la Asociación Colombiana de Geriatría. El estudio de la Universidad del Valle también demostró que los ancianos que toman la espiritualidad con mucha importancia en su vivir diario, logran aceptar y llevar mejor el hecho de estar sufriendo una enfermedad.
Los médicos han determinado que no pueden dejar la religión de un lado, “ya que nosotros tenemos que comprender que el ser humano es un conjunto de aspectos que no podemos separar uno del otro, y la espiritualidad es algo que lo marca significativamente”, comentó Echeverri. Asimismo, los jóvenes, al ver que se están enfermando, incrementan su espiritualidad, lo que hace que se sientan mejor. Así, la religión y la espiritualidad ganan terreno con respecto a la ciencia, pero esto depende de qué tan creyente sea la persona.
Es tanta su importancia, que en esta época de Semana Santa, cuando hay tiempo para orar, para participar en procesiones y otras actividades religiosas, la gente se siente mejor, más tranquila y hasta con menos dolencias. “Estamos convencidos de que este es un aspecto muy importante y lo tenemos que tomar en cuenta, como un factor que nos puede ayudar para encontrar terapias y procedimientos que nos den respuestas positivas, como se ha demostrado en el estudio”, concluyó Echeverri.
ACOMPAÑAMIENTO OPORTUNO
El apoyo también es clave. Por eso hay grupos que brindan un soporte muy importante a los pacientes y a las familias. “Con el acompañamiento buscamos que la persona le encuentre un sentido y un significado a la situación que está viviendo, que no se sienta solo y abandonado.
Le ofrecemos de manera muy respetuosa un asesoramiento, tanto a él como a su familia, para que afronten mejor la situación por la que están pasando”, indicó Isabel Calderón, coordinadora de capacitación, formación y educación del Centro Camiliano, que se dedica a formar a los acompañantes o voluntarios, pero también a profesionales de la salud, para que tengan un acercamiento más humano con sus pacientes. Asimismo, las familias, gracias a la actividad espiritual, están más tranquilas y toman mejor las etapas por las que tiene que pasar un ser querido.
Juan Sebastián Gómez
Redactor de CEET