Del Hotel Plaza a Mar-a-Lago
Al abandonar escenarios multilaterales y negarse a cumplir acuerdos de los TLCs
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Tras la reunión de los ministros de los países industrializados en el Hotel plaza el 22 de septiembre de 1985 se realizó una fuerte intervención monetaria para devaluar el dólar y corregir el voluminoso déficit comercial de EE. UU., pues en ese momento Estados Unidos tenía capacidad de exigirle a sus aliados actuar en defensa de la economía estadounidense. Ahora está implementado una estrategia de defensa de su economía, pero los actores ya no son sus aliados sino potencias emergentes y en lugar de una convocatoria para concertar medidas ha habido decisiones unilaterales y hostiles para tratar de someter a los contrarios.
China, uno de los mayores tenedores de bonos del Tesoro de EE. UU. ha vendido parte de esos títulos en el mercado y si continuara con esa estrategia, se enviarían graves señales al mercado que encarecerían el servicio de la deuda pública de Estados Unidos. China tiene además la propiedad del 70% de los yacimientos de tierras raras y el 90% del control de su procesamiento y tales elementos son indispensables en muchos de los procesos tecnológicos prioritarios para Estados Unidos.
Tras difíciles negociaciones se han reducido los aranceles impuestos por Estados Unidos a cambio del compromiso de garantizar la exportación de dichas tierras raras cuyo envío al exterior China había pausado ante las medidas unilaterales de Trump.
El Acuerdo de Mar-a-Lago es una estrategia diseñada por Stephen Myren, asesor económico de Trump que busca reestructurar la producción manufacturera mundial a favor de EE. UU. Pero las medidas canadienses de gravar las exportaciones de energía al norte de EE. UU. y la decisión de los ciudadanos de reducir el consumo de bienes estadounidenses han mostrado la reducción del margen de maniobra de Estados Unidos, en comparación con su capacidad de imposición de medidas durante la Guerra Fría.
La aplicación de los criterios neoliberales condujo a la financiarización de la economía, de modo que se abandonaron las políticas industriales (“la mejor política industrial es no tener política industrial” decían otrora); y se concentraron en las finanzas y en los servicios. China, en cambio, se constituyó en la fábrica del mundo” de modo que tiene ventaja en la mayor parte de ramas industriales.
Como ha dicho Andrés Mayorquin, el gobierno de EE. UU. enfrenta problemas para lograr sus metas pues a diferencia de los años ochenta ha optado por la vía de la imposición, pero tiene menor margen para imponerse por sus desventajas estratégicas (dependencia de materiales estratégicos externos) la fragilidad macroeconómica (elevada deuda pública externa e interna y persistente déficit comercial). Al abandonar los escenarios multilaterales como la OMC y negarse a cumplir los acuerdos establecido en los TLCs ha dejado con ‘manos libres’ a los antiguos aliados para buscar alternativas de defensa sin respeto a los acuerdos establecidos.
¡ Justamente lo contrario a un consenso!
Beethoven Herrera Valencia
Profesor Emérito Universidad Nacional de Colombia, de las universidades Javeriana y Magdalena y de Prime Business School.
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