Banco Mundial y BAII: convergencia en un modelo cuestionado

La decisión de gobiernos europeos de ingresar al BAII, liderado por China, generó enérgicas protestas del gobierno estadounidense. 

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La decisión de los más importantes gobiernos europeos de ingresar al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), liderado por China, generó enérgicas protestas del gobierno estadounidense; pero esos reclamos fueron desatendidos y, en cambio,se abrió un proceso de cooperación con el Banco Mundial, llegando incluso a cofinanciar importantes proyectos de desarrollo.
Sin embargo, han surgido crecientes críticas al enfoque de esos proyectos de financiamiento compartido por parte de diversos analistas, que consideran que no cumplen los estándares sociales y ambientales internacionalmente reconocidos.
A pesar de su creciente participación en la economía mundial, las instituciones multilaterales reconocen un limitado poder decisorio a China. Por ello, pese a mantenerse dentro del FMI, la potencia oriental ha creado un sistema paralelo de instituciones alternativas, bajo su liderazgo. De esta forma ha creado el Banco Brics (con Rusia, India, Suráfrica y otros países), el mencionado Banco Asiático de infraestructura y el Grupo de Shanghái, que le permite contar con acuerdos de provisión de energía hacia el futuro. Asimismo, ha logrado que el yuan sea incluido en la cesta de monedas que sirven al cálculo del DEG en el FMI, y ha aumentado la aceptación de su moneda en los créditos mundiales.
En un contexto de confrontación, cada vez más explícita, y dada la declaratoria de China como “enemigo estratégico” que el gobierno de Trump ha hecho, la relación cooperativa que mantienen el Banco Mundial y el BAII resulta notable. Pero la implementación de los proyectos conjuntos enfrenta crecientes resistencias por parte de ambientalistas y organizaciones sociales, pues consideran que el modelo de desarrollo en el cual se inscriben es obsoleto, están inspirados en el patrón tradicional, no se orientan al desarrollo de energías alternativas y no cumplen con la consulta con las comunidades.
En abril del 2016, el entonces presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, y el presidente del BAII, suscribieron un memorando de entendimiento para profundizar la cooperación, cofinanciando proyectos de infraestructura. Posteriormente, el Banco Mundial, el FMI y el BAII firmaron un memorando de entendimiento “para fortalecer la cooperación y el intercambio de conocimientos entre las instituciones”.
El documento de conclusiones del Foro Mundial de Infraestructura sostiene que la sociedad civil teme que el BAII, lejos de ofrecer a los países en desarrollo un paradigma de crecimiento y financiamiento diferente, quiera apoyar modelos tradicionales que no ayudan a la transición de estas naciones desde su estado de economías dependientes de materias primas (Observador de Verano, 2017).
En un artículo de junio, en el sitio de noticias Chinadialoge, Kate Geary señaló que aunque el BAII “se compromete explícitamente con el Acuerdo París sobre el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas”, su estrategia energética no impide específicamente que la AIIB financie el carbón. Geary señaló que 31 organizaciones no gubernamentales de India escribieron al BAII para expresar su preocupación de que “el banco supuestamente ‘verde’ termine financiando combustibles sucios, incluyendo carbón y plantas térmicas de gas”.
Beethoven Herrera Valencia
Profesor U. Nacional y Externado
beethovenhv@gmail.com

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