Colombia ‘a medias’
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Un mensaje publicitario de UNE advierte que si no queremos seguir navegando Internet ‘a medias’, más vale pasarnos al 4G LTE. Seguramente es así.
¿Pero cuántas cosas no se hacen ‘a medias’ en este país? ¿Y cuánto tiempo no llevamos en esas? ¿Por qué esa noción del más o menos, del algo a algo peor es nada, de la mediocridad campante se estableció como una forma de vida, negándonos la búsqueda de la excelencia por la que pagamos y a la que tenemos derecho?
Ahí está no más la comunicación celular. Esa sí que es ‘a medias’ en la prestación, pero completamente implacable en el cobro. Muchos no creen en el carácter mesiánico del 4G, luego de haber pasado tantos años ‘a medias’. Las llamadas se caen como cocos y parece que tuvieran un tiempo de duración, como los teléfonos públicos. Y vuelva a llamar, y a dejar en manos de la fortuna la posibilidad de reanudar conversaciones, muchas veces importantes, urgentes, en otros casos.
La conexión a Internet en Colombia es otra que ha vivido ‘a medias’. Velocidades de quelonios caracterizan un servicio que como su hermano celular, se cae de repente, se ralentiza en horas pico o deja el acceso, pero sin conexión, forzando a los usuarios a apagar y prender enrutadores, como uno solo de los medios hechizos empleados para que vuelva a funcionar.
¿En qué más se mueve el país ‘a medias’? Tal vez mientras avanzan en la columna, los lectores hayan ido armando su propia lista. ¿Qué tal las calles de ciertas ciudades?, Bogotá, por ejemplo. En una nota de hace pocas semanas elogié la perspectiva del SITP y animé a los bogotanos a usar los fantasmales buses azules. Pero no hubo espacio para señalar que las vías barriales por donde se desplazan están tapizadas de huecos, que los conductores muchas veces pasan a toda velocidad, y por eso el mal estado de tantos vehículos y de los riñones de los pasajeros. El asunto de la incompatibilidad de las tarjetas confirma un hecho triste: el sistema fue montado ‘a medias’.
Podríamos seguir enumerando situaciones y procesos que hacen que el país marche ‘a medias’. Se pueden tomar de la salud, del comercio y de algunos de sus actores que siguen montando de manera falsaria el servicio al cliente. De la atención en muchas entidades públicas, de la educación… ¿de qué se les ocurre a ustedes?
Lo peor, claro, no es que eso pase. Sino que se haya consolidado en la mente de los colombianos como algo normal, que solo se puede solucionar por una vía: el atajo, la trampa, la viveza. El cáncer de la vida ciudadana es la consagración del vivo, que no nos permite siquiera hacer una fila en orden.
El Gobierno viene insertando al país en un nuevo orden, una perspectiva diferente, abocados a exigencias como los TLC y la Ocde. A una realidad de país moderno para todo y todos. Falta hacerle fuerza a un cambio cultural, una ingeniería de la mente nacional, que ojalá, algún día, deje de navegar ‘a medias’.
Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista cgalvarezg@gmail.com
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