Hace tres semanas, Luiz Inácio Lula da Silva quedó segundo en la primera vuelta y casi todos lo daban por derrotado. El domingo venció en el balotaje a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, con 51,8% de los votos y, a punto de cumplir 81 años, obtuvo un cuarto mandato.
Los mercados no lo celebraron. Los inversionistas habían apostado por Bolsonaro y su promesa de ordenar las cuentas públicas, y el lunes deshicieron esa apuesta en horas. El Bovespa, el índice de las principales acciones de la bolsa de São Paulo, llegó a perder cerca de 17%, su mayor caída desde 1998, y forzó una pausa automática de media hora. El real perdió más de 10% frente al dólar. La inquietud es, primordialmente, fiscal. Entre las dos vueltas, el gobierno adelantó un aumento de 15% en Bolsa Família, su principal subsidio para los hogares pobres, y llevó a cero los impuestos federales a la gasolina. Todo esto en un país cuya deuda pública supera 90% del PIB, según el FMI. Por eso subió el rendimiento de sus bonos, que en la práctica es lo que Brasil paga por endeudarse. El mercado espera señales, empezando por quién liderará Hacienda en el cuarto mandato de Lula.
En medio del ruido, el presidente Abelardo De La Espriella acertó. Había apoyado a Bolsonaro, como Lula apoyó a Iván Cepeda en Colombia, según él mismo recordó, pero reconoció el resultado sin rodeos, algo que Flávio Bolsonaro no había hecho hasta este lunes. “Ni Lula decide por los colombianos ni yo decido por los brasileños”, escribió, antes de insistir en que ambos países se necesitan. Lula hizo lo mismo en junio, cuando felicitó a los colombianos por elegir a De La Espriella y dijo que la amistad entre Brasil y Colombia trasciende ideologías.
Ese pragmatismo debería prevalecer, ya que es pueril que un gobernante trate como enemigo al vecino solo por estar en la otra orilla ideológica, y la cuenta la pagan los exportadores. Colombia lo comprobó este año con la disputa entre Gustavo Petro y Daniel Noboa, que derivó en aranceles cruzados y en el corte de la venta de energía a Ecuador. Entre enero y agosto, las exportaciones hacia ese país cayeron 31,3%, según el Dane.
Con Brasil hay más en juego. En esos ocho meses, Colombia le compró US$2.727 millones, 17,2% más que hace un año, y es su tercer proveedor. Brasil, en cambio, apenas recibió 3,9% de las exportaciones colombianas. Un real más débil abarata más los productos brasileños y encarece los colombianos en ese mercado, así que el desbalance podría crecer.
La respuesta no es el recelo sino la ambición. Brasil tiene cuatro veces la población de Colombia, más de 213 millones de personas. Varias empresas colombianas ya lo entendieron. ISA es uno de los mayores transmisores de energía de ese país y Ecopetrol tiene 30% de Gato do Mato, un proyecto en aguas profundas. Rappi lo considera un mercado prioritario, Corona tiene allí una planta y Sofgen Pharma, matriz de Procaps, fabrica medicamentos en Brasil. Y está Nu, el banco digital que el colombiano David Vélez fundó en São Paulo.
Esas empresas sienten hoy la turbulencia. Las acciones de Nu cayeron 17% en Nueva York. Pero los sobresaltos del mercado se corrigen y la geografía no cambia. A Bogotá le toca convertir el mensaje presidencial en una agenda con Brasilia que ponga el comercio al lado de la lucha contra la minería ilegal y la protección de la Amazonía. Los gobiernos cambian cada cuatro años. Los vecinos se quedan.