Despierten: se acabó el Mundial

Sudáfrica 2010 termina, pues, como un Mundial de éxito político, económico, cultural, mercantil y te

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Con desempeños totalmente imprevisibles, España y Holanda disputarán el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010, que entre vuvuzelas y cacos se acaba sin pena ni gloria. Luego de un mes de aburrimiento penal, los aficionados terminamos más interesados en el vestido de Shakira, el hijo de Cristiano Ronaldo, la empelotada de Larissa Riquelme y las predicciones del pulpo Paul, que en la magia de este otrora magnífico deporte.
Y es que cuando pensábamos redimirnos de los partidos de Millonarios, aparece este desfile de carísimos troncos vanidosos, que pasan más tiempo mirándose en las pantallas del estadio, que concentrados en un juego bonito. ¿Un jugador para recordar? ¿Un partido memorable? ¿Un gol de antología? 'Nanay cucas'. Pasaban y pasaban los encuentros y todo se desinflaba como un jabulani chiviado. Oncenos irregulares, figurones abúlicos y entrenadores negligentes iban tomando el bus de regreso a casa, despreciando la alegría de millones de personas, que a miles de kilómetros entonaban esperanza a partir de una maroma ilusa.
¿Por qué fracasó este asunto de la pelota? Puede decirse que por lo mismo que tantas películas están defraudando al cine. Porque se cree que la técnica es varita mágica, y porque la forma ha sustituido al fondo. La comercialización ayuda a devorar toda espontaneidad y acaba el ingenio sin el cual este juego termina convertido en un futbolín, con cracks de madera que no dan más que el largo de la varilla en la escasez giratoria del perno. Aquí hay mucha plata, la plata de los clubes, de las ligas, de las copas intercontinentales, pero están perdidos la creatividad, el encanto y la sorpresa.
Inglaterra y Alemania, las ligas más caras del mundo, y los campeones Italia y Francia, dejaron a Europa sin aire. Brasil y Argentina, y el despistado Uruguay del partido contra Holanda, le sacaron tarjeta roja a una expectativa que en un momento dado permitió pensar en una final suramericana o en la confrontación de continentes.
Grave la situación de Brasil, que llega al torneo del 2014 con la obligación de ganar en su casa, porque es francamente pesaroso que mientras la patria se crece como un coloso, su selección se parte como un rodizio.
Tablón aparte merece la FIFA. Ha ido convirtiendo este espectáculo en un carrusel, donde la crema de la cubierta es deliciosa y rentable, pero el corazón del ponqué es francamente insípido. Se recrea en la tecnología, pero mantiene a los árbitros como hombres de Cro-Magnon incapaces de servirse de ella para corregir sus errores evidentes. Las enormes pantallas de los estadios y la transmisión de TV muestran a presentes y distantes las falencias, mientras los jueces se sostienen en verdades precarias, en certezas de ruina.
Sudáfrica 2010 termina, pues, como un Mundial de éxito político, económico, cultural, mercantil y tecnológico pero no deportivo. Fue fiesta de cantantes y bailarines, de vistoso folclor local, pero no de fútbol. Este mes de esfuerzo, de peleas con la mujer por estar viendo pendejadas, de afanes por llegar a tiempo, se perdió. Y bueno, eso pasa cuando hasta el álbum de figuritas se lo venden a uno lleno. No hay derecho. Como a Meluk y a Paniagua, como a Batistuta, nos robaron, carajo.
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