Gobierno para dummies
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Puede considerarse una fortuna que la reforma a la salud sea impulsada por un profesional como Alejandro Gaviria, que conoce el sector y puede explicar el cambio y enseñar a entenderlo.
Acopia para esta misión su experiencia de docente, capaz de asimilar que una entrevista de prensa y una danza de micrófonos son solo el picacho de un iceberg para los que saben.
Y que queda el gran témpano sumergido de millones de ciudadanos que necesitan el proyecto convertido en una sencilla, comprensible y fácil guía.
El asunto tiene que ver con un factor fundamental del buen gobierno, alejado del embeleco de la información rebosada y la panacea ilusoria y única de la conexión: la pedagogía.
Es decir, la forma sistemática y planificada cómo los dirigentes guían a los dirigidos para ubicarse en la sociedad en que viven. Pero, sobre todo, para enterarse de los actos y procedimientos de la administración pública, de cómo los afectan y en qué medida pueden complementarlos.
Ese aspecto adquiere una importancia mayúscula cuando un gobierno asume, por la vía de las reformas, la tarea crucial de remover sectores tan sensibles para los ciudadanos como educación, salud, seguridad social y tributación.
La reforma tributaria arrancó con un intento explicativo más que pedagógico, pero en abril caerá sobre los contribuyentes –en especial, los independientes– en la forma de un código críptico.
No se ha divulgado masivamente un abecedario para que los ciudadanos entiendan sus principios, pero sobre todo la forma como inquietará sus bolsillos.
Nada de TV, nada de radio, nada de Internet. Nada de nada.
La Ministra de Educación, y los ministros de Trabajo y Salud, tienen la gran oportunidad de estrenar el frente pedagógico, con las políticas públicas y reformas que tocan a todos los colombianos. ¿Cómo lo deberían hacer? Gobierno para dummies. Lenguaje claro y sencillo ojalá alejado de los limbos tecnocráticos. Una buena ejemplificación que apele a la cotidianidad. Dibujos, imágenes, infografías. La configuración de personajes que, al mejor estilo del profesor Yarumo, hagan descender de las alturas ese conocimiento que mantiene al Estado colombiano y sus acciones convertidos en una verdadera intríngulis de peritos y avivatos.
Un componente básico de este vital proceso de comunicación –más enraizado con el sentido común nacional que en los arcanos de la experiencia foránea– es lo que Paulo Freire denomina “la pedagogía de la pregunta”. ¿Cuáles son los verdaderos interrogantes de la gente sobre las reformas?
¿Cuáles los que prácticamente no se puede dejar de responder?
Debate. Otro es alejar la comunicación pedagógica de los espantajos de la demagogia: manipulaciones de significados, omisiones, estadísticas descontextualizadas, tácticas de despiste, falsos dilemas. Mejor dicho: gobernar es hacerse entender.
Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista /cgalvarezg@gmail.com
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