Jame®: el robot colombiano
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Un grupo de estudiantes de robótica desarrolló el primer androide colombiano. Lo llamaron Jame®. Homenaje a James Rodríguez, el personaje del año, con el símbolo ® (Registrado), porque lo que no se registra y no se patenta, otro viene y se lo inventa. Lo dotaron de una fisonomía humanoide y lo programaron con las tres leyes de la robótica y la ley de transparencia, para que fuera integérrimo, decentísimo, honestísimo, moralísimo y otra serie de superlativos que contrarrestaran las respectivas lacras nacionales.
Luego convocaron a un grupo de notables columnistas para que opinara sobre el autómata.
--Yo lo veo bien --dijo Daniel Samper Ospina--. Un poquito semejante a mi tío Ernesto antes de que partiera para Unasur.
Ramiro Bejarano expresó que le parecía una momia. “Momio --corrigió--. Momio del momiato”.
Gardeazábal: “Parece de la Galaxia X 33”.
Por su parte, María Isabel Rueda se conmovió al pensar que el pobre androide Jame® terminará citado en la Fiscalía, y que se aprovecharán de su IA para armar el perfil de Álvaro Gómez Hurtado.
Después de la ronda, los estudiantes consideraron que era el momento de soltar a Jame® en el entorno nacional para que demostrara y propagara sus virtudes. Eligieron una oficina pública como su primer destino.
Jame® atendió al público justo en el horario establecido. Solucionó problemas y no devolvió a nadie por falta de fotocopias. Fue vitoreado cuando vinieron a recogerlo para recargarlo y hacerle el mantenimiento cibernético.
Al tercer día, Jame® fue visto entrando a la oficina, pero no estaba en su ventanilla al comenzar el turno de atención. Había, sí, unos tornillos y algunos circuitos desperdigados en su asiento. Los usuarios superaron el desconcierto y permanecieron en la fila, conocedores ya de la fama del androide y de su capacidad para atender con esmero.
Jame® estaba ‘Donde Lola’, un desayunadero que quedaba pasando la calle. Había ido a comer caldo de costilla con un grupo de compañeros, quienes a su vez habían dejado la cartera o el saco en sus puestos para que no notaran su ausencia, como hacían todos los días. Los estudiantes escribieron en su bitácora digital que ese desvío en la programación obedecía a su capacidad para imitar el comportamiento criollo y consideraron que dicha manifestación etológica configuraba una reacción aislada.
Al día siguiente, viernes, cuando fueron a recoger a Jame® no lo encontraron. Monitorearon que su señal se movía vacilante entre diversos puntos de un área denominada ‘Cuadra picha’. Trataron de apagarlo a distancia, pero se les cayó el internet. Avisaron a la Policía.
“Ya hace lo que se le da la gana --declaró el general Palomino, el domingo--. No tiene conciencia cívica, no respeta a los demás y ha perdido el porcentaje de empatía con el que fue programado. Nos da mucho temor que vaya y maneje un carro”.
El Cazanoticias informó que el androide, aprovechándose de la Bogotá Humana y de la Piep (Política de Invasión del Espacio Público) estaba dedicado al rebusque y vendiendo algunas de sus tuercas en el agáchese.
Se ruega a los lectores que si lo ven, avisen. Y que por obvias razones, ya no se llama Jame®.
Carlos Gustavo Álvarez G.
Periodista
cgalvarezg@gmail.com
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