Las mujeres de Grey
La situación se presentó en las más diversas reuniones.
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La situación se presentó en las más diversas reuniones. Un grupo de mujeres entraba en una especie de éxtasis y hablaba de un libro que las había redimido, enseñándoles el camino de la felicidad sexual. Con explícitas referencias a escenas de dominación/sumisión y sadomasoquismo –que todas trasegaban como en un esperanto escolar–, exaltaban las revelaciones que habían recibido de un profeta erótico llamado Christian Grey, el becerro de oro. Y hasta ahí llegaban reuniones, fiestas y conversaciones, fracturadas por las Cincuenta sombras de Grey.
Me intrigó semejante nueva ola de idolatría. Averigüé, entonces, que el dichoso texto era la cabeza de una trilogía que ha vendido más de 40 millones de ejemplares. Es la novela británica más comprada de la historia, demostrando que el sexo es más atractivo que las varitas de sauco de Harry Potter y los hobbits orejones.
Su autora firma con un nombre tan despersonalizado como Anastasia Steele, la protagonista del jaleo: E. L. James. Grey la puso en el curubito de la fama, a partir del juego de recrear Crepúsculo en una página web. Hoy es una de las personas más influyentes en el mundo, gracias a 1.792 páginas que escribió en un año.
Su autora firma con un nombre tan despersonalizado como Anastasia Steele, la protagonista del jaleo: E. L. James. Grey la puso en el curubito de la fama, a partir del juego de recrear Crepúsculo en una página web. Hoy es una de las personas más influyentes en el mundo, gracias a 1.792 páginas que escribió en un año.
Acuciado por semejantes sucesos, y contrariando la prohibición de que no la tocaran los hombres, la leí. Es considerada, por muchos, la más grande muestra contemporánea de la literatura erótica, heredera del Decamerón, Las aventuras de Fanny Hill, los retozos ardientes del Marqués de Sade y la Historia de O, con la que tendría el parentesco de la esclavitud sexual. Otros aseguran que es la más grande muestra, pero de la idiotez reinante.
Pregunté a mis amigas de la secta Grey, qué tenía Christian que no tuviera yo. Y bueno, me dijeron misericordiosas: es billonario, guapo, bien vestido y… Y de cierta forma, ha rescatado a la insulsa Ana de la liberación femenina, agregué yo. Pues hoy, con el desempleo masculino y las tiranías del consumo y de los hijos, las mujeres han terminado asumiéndolo todo. Esta historia de “pornografía suave”, como la denomina Isabel Allende, las devuelve al tiempo en que no les tocaba cargar con el mundo y las ensancha en un ámbito de grato erotismo.
Mejor esclavas de la pasión que de la producción. No sé si han aumentado las ventas de sogas y látigos, lingerie y sedosas sábanas negras. ¿Cuántas parejas han firmado contratos entre la sometida y el amo? Grey no sufre el matrimonio como una comunión de facturas y cuotas, ni ronca después de acometer la fantasía de un sexo escarnecido por la ubicua máquina del trabajo y la competencia feroz.
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