Dolor de patria

Colombia, un país lleno de gente inteligente y trabajadora, no ha tenido suerte en esto de tener int

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Mientras México celebra su bicentenario recordando el grito de independencia en medio de millones de mexicanos, en la famosa plaza del Zócalo, y Chile lo hace de manera impresionante ante la presencia de todos los presidentes de la Concertación, acto generoso del presidente Piñera, Colombia se limitó a presentar por todo el país conciertos con nuestros cantantes de renombre internacional y nacional, auspiciados por un Ministerio de la Cultura que confunde la farándula con la cultura.
¿Hubo algo simbólico que llenara el alma colombiana de patriotismo, un alma tan herida, tan adolorida? Por lo menos, ¿hubo alguna reflexión profunda sobre nuestro pasado y, mejor aún, sobre nuestro futuro? No, nada sustantivo... diversión de pronto, pero ningún mensaje ni reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro.
Las comparaciones son odiosas, pero cuando producen dolor de patria son válidas. Como si estas diferencias entre México, Chile y Colombia no fueran suficientes, un reciente artículo del ex presidente chileno, Ricardo Lagos, colmó la copa. Su frase inicial conmueve: "2010 es una fecha símbolo en el camino de Chile hacia el tercer centenario".
Una verdadera pieza que dirige a su país al futuro y, de paso, le envía mensajes a América Latina. No sólo presenta un balance equilibrado de lo logrado en estos 200 años en Chile, sino las falencias pendientes de solución y, sobre todo, un norte para el tricentenario. Con generosidad, describe las demandas que se derivan de la globalización para todo el continente y no sólo para Chile. ¿Cómo será la democracia cuando no haya analfabetos digitales? ¿Cómo será la relación entre el Gobierno y los ciudadanos? ¿Qué tipo de sistema debería imperar?
Son algunos de los pensamientos que se aplican claramente a todos nuestros países. Da pincelazos de ese nuevo mundo que se abre lleno de retos, de temores y esperanzas, y plantea su propia visión sobre cómo abordarlos con éxito para que haya motivos de gran celebración en el tricentenario. Futuro y más futuro.
Definitivamente, Colombia, un país lleno de gente inteligente y trabajadora, no ha tenido suerte en esto de tener intérpretes que den línea a una sociedad sumergida en un presente convulsionado, en el día a día. No hemos tenido un Octavio Paz, un Carlos Fuentes, un Monsiváis, que a pesar de ser figuras latinoamericanas, siempre tuvieron tiempo para entender a su México.
Ahora, nuestros ex presidentes están dedicados a la manzanilla para copar el poder regional, a manejar la política para ubicar bien a sus herederos o a seguir en peleas pequeñas, en vez de usar su valiosa experiencia en el manejo del país en momentos tan difíciles, para ayudarnos a entender nuestra sociedad y empezar a dibujar un futuro mejor.
Para llenar este vacío, algunas de las reflexiones de Ricardo Lagos: "(...) después de la crisis financiera mundial del 2008, es cuando, para muchos, la Política (así, con mayúscula) está de vuelta". Sobre el sistema político: "(...) hoy es posible instalar un debate a fondo sobre la posibilidad de mantener el sistema actual o avanzar hacia otro semipresidencial (...)". Critica la política actual: "(...) las dirigencias políticas, como es obvio, no miran a la próxima generación, sino más bien a la siguiente elección que determinará la suerte de los suyos".
Probablemente, lo más oportuno: "el gran desafío democrático es cómo ser capaces de compatibilizar las exigencias de corto plazo de la dirigencia política con las necesidades indispensables para que el país defina la estrategia del futuro". Y por eso, afirma: "ello hace impostergable que las instituciones del saber estén vinculadas a las necesidades del conocimiento futuro. (...) de ahí la necesidad de avanzar en la creación de institutos prospectivos en el seno de las instituciones del conocimiento".
Música de ángeles para quienes estamos convencidos de la necesidad de diseñar un futuro, de construir las bases para que, a partir de consensos, Colombia sea solidaria, incluyente, justa y próspera. ¿No será esto lo que el país necesita para sacarnos de la agobiante y desconcertante coyuntura?
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