No necesitamos Constituyente

El problema de Colombia no está en la norma suprema.

PERIODISTAActualizado:
El problema de Colombia no está en la norma suprema, sino en su cumplimiento. No hemos agotado las posibilidades que nos da la Constitución del 91. Lo que falta es voluntad política, eficacia administrativa y honestidad en la gestión pública. Es mucho más fácil culpar a la Constitución que asumir las responsabilidades de gobernar bien. Pero no nos engañemos: Lo que necesita el país es un gobierno que se dedique a aplicar las normas con rigor y a servir a los ciudadanos. Necesitamos buen gobierno, no una Constitución nueva. En el 2026 debemos elegir un buen Congreso que saque adelante una agenda de cambio.
Convocar constituyente en este momento no solo es innecesario, sino riesgoso. Su origen sería la polarización, no la unidad nacional. Abre la puerta a la inestabilidad institucional y a la manipulación política. Petro ha demostrado que su visión de la democracia es plebiscitaria, donde se pretende resolver todo con consultas y mayorías circunstanciales, debilitando los contrapesos y poniendo en riesgo el equilibrio de poderes. Le gusta que todo sea estatal: Quiere volver a los días oscuros donde no funcionaba ni la salud ni la generación eléctrica. Convocarla, además, implicaría años de incertidumbre, debates interminables y parálisis institucional en un momento en el que Colombia necesita certezas, confianza y rumbo claro. La agenda del país no es cambiar de Constitución, sino resolver problemas urgentes: mejorar la seguridad, recuperar el crecimiento económico, fortalecer la salud, la educación y la infraestructura, garantizar la estabilidad energética, y atraer inversión.
Ninguno de esos objetivos requiere nueva Constitución. Todos dependen de políticas públicas serias y gobernantes competentes. La Constitución del 91 es un pacto social válido. No podemos permitir que cambiarla se use como pretexto para proyectos personalistas o intentos de perpetuación en el poder.
La historia de América Latina está llena de ejemplos en los que gobiernos populistas, incapaces de cumplir sus promesas, buscaron legitimar sus fracasos con nuevas constituciones. El resultado siempre fue el mismo: menos democracia, más concentración de poder y más crisis. Colombia necesita un gobierno que gobierne, un Congreso que legisle con responsabilidad, unas cortes que hagan cumplir la ley y una ciudadanía que exija resultados. Lo que falta es algo mucho más sencillo, pero al mismo tiempo más difícil: Buen gobierno. 

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