Caminos
Mientras en el 2003 el 71% de la red vial estaba en buen estado o muy bueno, en el 2009 ya sólo el 5
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Vale la pena corregir la idea de que el mal estado de la malla vial colombiana se debe al reciente invierno. Este hizo evidente su fragilidad, pero el mal estado de nuestras vías es realmente fruto de la perenne y pésima gestión del Ministerio de Transporte y su antecesor, el Ministerio de Obras Públicas. No tenemos más que caminos.
Nuestra malla vial y su estado clasifican fácilmente entre lo peor del mundo, y hay que ir a Haití o a Zimbabwe para encontrar algo parecido. Tratándose de vías arteriales pavimentadas, dice el Consejo Privado de Competitividad, Colombia tiene 292 kilómetros de vía por cada millón de habitantes; mientras Bolivia tiene 406; Perú, 423 y Ecuador, 478, para no ir muy lejos. En Europa, España, por ejemplo, tiene 15.450 kilómetros de vías pavimentadas por cada millón de habitantes.
Mientras en el 2003 el 71% de esa exigua red estaba en buen estado o muy bueno, en el 2009 ya sólo el 54% era calificado así, y aquellas en estado malo o muy malo pasaron del 8% al 16%. Y es seguro que la situación empeorará ya que que el presupuesto del que dispone el Invías es insuficiente. Esto sin tomar en cuenta el carrusel de demandas tipo Foncolpuertos que se ha montado para despojarlo de sus escasos recursos.
Ahora, si se miran las dobles calzadas, el supuesto logro en los 18 años de las concesiones que, además de cobrar peajes exorbitantes, han drenado en oscuros ajustes billones y billones de pesos del presupuesto nacional, se encuentran ridículos 890 kilómetros en todo el territorio nacional, en unas obras inconexas que no son, en sentido estricto, una red.
Los datos anteriores dan fe de la incompetencia de los ministros de las últimas décadas, incluyendo el personaje que Colombia acaba de padecer por 8 años, quien pudo vencer su incapacidad de actuar, al expirar su Gobierno, para hacer unas adjudicaciones contra las cuales los entes de control habían formulado reservas y advertencias. Es necesario que el nuevo Ministro pare el desangre de las concesiones y le dé a la red vial los recursos técnicos y financieros que realmente requiere para su construcción y mantenimiento.
Lamentablemente, este luce más ocupado en campañas personales de dudoso valor que en lo que es realmente sustantivo. Caprichosamente usó la emergencia invernal para modificar una ley que no le gustaba y reducir el límite de velocidad en todas las vías colombianas. ¡Como si algo tuvieran que ver las autopistas que a precio de oro pagamos los vallecaucanos con el mal mantenimiento de los diques o con las carreteras de montaña que zigzaguean por la zona cafetera!
El Ministerio de Transporte reporta en 4% las muertes en accidentes atribuibles a embriaguez por alcohol o droga y la OMS estima esta cifra en 3%. Sin embargo, con el agrio gesto del más fanático de los talibanes, el Ministro declara su afán de encarcelar a quien conduzca después de tomar una cerveza. En vez de perseguir fantasmas, debiera concentrarse en las verdaderas causas de la accidentalidad, como la falta de reglamentación del tránsito de motocicletas (39% de los muertos y 45% de los lesionados), el mal estado de algunos vehículos o el pésimo estado de las vías.
Aún es hora de que el Ministro reconozca que no es con campañas mediáticas que se arreglará el problema vial colombiano y se aplique realmente a atacar sus causas de fondo. Colombia no necesita a un ministro enfrascado en sacar adelante sus pequeñas causas personales, sino un buen administrador que entienda de ingeniería.
Nuestra malla vial y su estado clasifican fácilmente entre lo peor del mundo, y hay que ir a Haití o a Zimbabwe para encontrar algo parecido. Tratándose de vías arteriales pavimentadas, dice el Consejo Privado de Competitividad, Colombia tiene 292 kilómetros de vía por cada millón de habitantes; mientras Bolivia tiene 406; Perú, 423 y Ecuador, 478, para no ir muy lejos. En Europa, España, por ejemplo, tiene 15.450 kilómetros de vías pavimentadas por cada millón de habitantes.
Mientras en el 2003 el 71% de esa exigua red estaba en buen estado o muy bueno, en el 2009 ya sólo el 54% era calificado así, y aquellas en estado malo o muy malo pasaron del 8% al 16%. Y es seguro que la situación empeorará ya que que el presupuesto del que dispone el Invías es insuficiente. Esto sin tomar en cuenta el carrusel de demandas tipo Foncolpuertos que se ha montado para despojarlo de sus escasos recursos.
Ahora, si se miran las dobles calzadas, el supuesto logro en los 18 años de las concesiones que, además de cobrar peajes exorbitantes, han drenado en oscuros ajustes billones y billones de pesos del presupuesto nacional, se encuentran ridículos 890 kilómetros en todo el territorio nacional, en unas obras inconexas que no son, en sentido estricto, una red.
Los datos anteriores dan fe de la incompetencia de los ministros de las últimas décadas, incluyendo el personaje que Colombia acaba de padecer por 8 años, quien pudo vencer su incapacidad de actuar, al expirar su Gobierno, para hacer unas adjudicaciones contra las cuales los entes de control habían formulado reservas y advertencias. Es necesario que el nuevo Ministro pare el desangre de las concesiones y le dé a la red vial los recursos técnicos y financieros que realmente requiere para su construcción y mantenimiento.
Lamentablemente, este luce más ocupado en campañas personales de dudoso valor que en lo que es realmente sustantivo. Caprichosamente usó la emergencia invernal para modificar una ley que no le gustaba y reducir el límite de velocidad en todas las vías colombianas. ¡Como si algo tuvieran que ver las autopistas que a precio de oro pagamos los vallecaucanos con el mal mantenimiento de los diques o con las carreteras de montaña que zigzaguean por la zona cafetera!
El Ministerio de Transporte reporta en 4% las muertes en accidentes atribuibles a embriaguez por alcohol o droga y la OMS estima esta cifra en 3%. Sin embargo, con el agrio gesto del más fanático de los talibanes, el Ministro declara su afán de encarcelar a quien conduzca después de tomar una cerveza. En vez de perseguir fantasmas, debiera concentrarse en las verdaderas causas de la accidentalidad, como la falta de reglamentación del tránsito de motocicletas (39% de los muertos y 45% de los lesionados), el mal estado de algunos vehículos o el pésimo estado de las vías.
Aún es hora de que el Ministro reconozca que no es con campañas mediáticas que se arreglará el problema vial colombiano y se aplique realmente a atacar sus causas de fondo. Colombia no necesita a un ministro enfrascado en sacar adelante sus pequeñas causas personales, sino un buen administrador que entienda de ingeniería.
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