Motos

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El Dane reporta que uno de cada cinco hogares colombianos posee al menos una motocicleta, y se estima que más de 4 millones de colombianos usan este vehículo diariamente para movilizarse.
Con más de 600 mil unidades anuales, Colombia es hoy el segundo mercado latinoamericano de motos, hecho apenas natural ante un clima tan benévolo como el nuestro y las deficiencias de nuestro transporte masivo.
Lamentablemente, esta solución a las necesidades de transporte de un grupo tan apreciable de la población genera problemas que deben ser atendidos por las autoridades con mayor diligencia que la que están mostrando.
El caos vehicular ocasionado por el incremento descontrolado de motos en las vías ha causado un gigantesco incremento en la accidentalidad vial, del cual los propios motociclistas son las primeras víctimas.
De acuerdo con el Instituto de Medicina Legal, en 2011, los motociclistas tuvieron la participación más alta en las víctimas en accidentes de tránsito, tanto en los casos de muerte como en los de lesiones no fatales.
Y en cuanto al vehículo involucrado, la motocicleta fue el que más participación tuvo en eventos con muertes (39%) y en accidentes con lesiones no fatales (44%). Colombia tiene ya la cuarta mayor tasa de mortalidad de motociclistas en el mundo, y está empeorando.
En gran parte, este incremento en la accidentalidad proviene de la violación generalizada de las más elementales normas de tránsito.
El Código de Tránsito establece, por ejemplo, que las motos deben transitar por la derecha de las vías, a una distancia no mayor que un metro de la acera, y que deben ocupar su propio carril; obliga a que las que transiten en grupo lo hagan una detrás de la otra; prohíbe expresamente adelantar a otros vehículos por la derecha o entre vehículos que transiten por sus respectivos carriles; y ordena ampliamente el respeto por las señales, normas de tránsito y límites de velocidad.
Todas esas normas son violadas masivamente.
La Contraloría General de la República informa que los motociclistas protagonizaron el 40,4% del total de las infracciones en el periodo 2008-2011, y participaron con 43% en los valores de las multas y con 47,3% en las prescripciones por no pago de estas.
Es evidente que este nivel de irresponsabilidad y accidentalidad está relacionado con el desconocimiento de las reglas básicas de conducción.
Encuestas del Fondo de Prevención Vial han encontrado que solo el 14% de los motociclistas ha tomado un curso en una escuela de conducción. Muchos creen que saber operar la moto es suficiente para salir a la calle, y desconocen las señales y reglas que todos debemos cumplir. Esto es inaceptable.
En vez de perder el tiempo empujando leyes para perseguir a los conductores que tomen más de una cerveza, quienes participan apenas en 2,5% de los accidentes, el Gobierno debe atender el real problema de la accidentalidad ocasionada por las motos. Para eso, debe cumplir la Ley 1450/11, que le ordenó establecer un programa integral de estándares de servicio y seguridad vial para el tránsito de motocicletas antes de junio del 2012.
La formulación de políticas integrales es urgente. Y la primera de esas políticas debe ser obligar a los distribuidores de motos a limitar su venta a solamente quienes demuestren poseer los conocimientos y la disposición necesarios para dar buen cumplimiento a las normas de tránsito.
Emilio Sardi
Empresario
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