El frenazo en seco de China
La pandemia deprimirá la demanda global de exportaciones y, aunque ya las industrias chinas tengan trabajadores, los pedidos empezarán a escasear.
Por primera vez en más de 40 años China registró una contracción de 6,8 por ciento en el primer trimestre del año. La razón ya es conocida y sufrida por el resto del mundo: el brote del coronavirus en enero pasado que se ha propagado en tres meses en más de 180 naciones del planeta.
La covid-19, surgida en la ciudad china de Wuhan, paralizó las fábricas y la producción del gigante asiático durante el inicio de 2020. Tras draconianas medidas sanitarias, una severa cuarentena y un rígido control estatal, China frenó la expansión de la pandemia, redujo el número de contagiados y empieza a recuperar su ritmo productivo.
Tal ha sido esa reducción que el aparato propagandístico de la segunda economía del mundo ha activado una narrativa sobre la capacidad “exitosa” de un régimen autoritario en controlar una pandemia en comparación de las “fallidas” democracias occidentales.
Lo cierto es que el histórico frenazo en seco de los chinos tumbó el intercambio comercial global- que se cayó según la Organización Mundial del Comercio hasta un 32 por ciento-. Asimismo las cadenas de suministro global en manufactura e industria sufrieron el fuerte impacto del cierre de fábricas en el Reino Medio.
El régimen de Beijing está apostándole a un rápido rebote en este segundo semestre. El Fondo Monetario coincide en esa dinámica al estimar un crecimiento positivo de 1,2 por ciento de la economía china. No obstante, si China se desplomó el primer trimestre, el resto del mundo- sus proveedores y los compradores de sus productos- se hundió en este segundo trimestre.
De hecho, aunque las cifras no son del todo confiables, Estados Unidos y Europa Occidental ya atraviesan una crisis del coronavirus más severa que la que registran los datos procedentes de China. La pandemia deprimirá la demanda global de exportaciones y, aunque ya las industrias chinas tengan trabajadores, los pedidos empezarán a escasear.
Lo anterior sumado al desempleo y los temores a los productos chinos podrían llevar a Beijing a una recuperación más lenta de lo proyectado.
Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda
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