El golpe a los sistemas masivos
Eventualmente el Gobierno Nacional tendrá que meterle el hombro a esta situación.
Uno de los sectores más afectados por los confinamientos y las medidas restrictivas de la pandemia es el del transporte masivo en las grandes ciudades. Al igual que otros negocios, los sistemas de buses dependen de la aglomeración de sus pasajeros y las medidas sanitarias han restringido la ocupación al 35 por ciento de la capacidad.
A diferencia de otros países donde el transporte público es mayoritariamente subsidiado por el Estado, en Colombia el recaudo por pasajes es una fuente crucial para las finanzas de los sistemas masivos.
Con la llegada del coronavirus y las restricciones sanitarias, el déficit de los masivos, como Transmilenio en Bogotá y Transmetro en Barranquilla, alcanza, de acuerdo con cifras del Gobierno, los 1,8 billones de pesos. El metro de Medellín, por ejemplo, regresaría al nivel de usuarios que transportaba en pre-pandemia hasta el 2022.
Es evidente que “convivir con el coronavirus” hasta el año entrante implicará que la menor demanda de usuarios en las distintas ciudades seguirá y que, con los actuales límites de ocupación, los sistemas masivos continuarán operando a pérdida.
La pandemia asimismo ha impactado los hábitos de los pasajeros del transporte público en las grandes capitales del país. Los vehículos congestionados de usuarios en las horas pico, tan comunes en nuestras urbes, son hoy vistas como peligrosas aglomeraciones que atentan contra la salud. Es probable que una porción de esos pasajeros opten por carro particular, bicicleta, motocicleta u otras alternativas.
Si bien la “nueva normalidad”, que se está consolidando en medio de la pandemia, traerá una “nueva movilidad urbana”, la necesidad del transporte masivo se mantendrá para la mayoría de ciudadanos. Sin embargo, la crisis financiera de los sistemas masivos hoy es galopante y necesita que se tomen decisiones pronto.
Eventualmente el Gobierno Nacional tendrá que meterle el hombro a esta situación.
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