Los nuevos confinamientos
El optimismo generado por las aperturas graduales en varios sectores recibe así un balde de agua fría.
Ayer Bogotá arrancó sus cuarentenas focalizadas con ocho localidades mientras que Medellín, que iniciaba con restricción en el centro de la ciudad, decretó confinamiento total, junto a los municipios del Valle de Aburrá, para el próximo fin de semana largo.
Ambas decisiones en las dos ciudades más populosas de Colombia ratifican el creciente deterioro en los indicadores sanitarios en la lucha contra el coronavirus.
Si bien la trayectoria de las dos urbes es diferente en varias de las variables epidemiológicas, la reacción ante la propagación de los contagios es tanto similar como necesaria.
Si bien las cuarentenas en Bogotá y Medellín no son idénticas y difieren en cobertura y tiempo, las decisiones reflejan un freno brusco a los procesos de reapertura económica que el Gobierno Nacional y los mandatarios locales venían desplegando a diferentes velocidades. No serán pequeños los impactos sociales y económicos que traerán estos nuevos encierros tanto en actividad productiva tangible como en percepción de los ciudadanos.
Los nuevos confinamientos, por más traumáticos que sean, son un recordatorio de las profundas dificultades en la batalla contra el coronavirus así como de las fragilidades de los logros obtenidos en estos casi cuatro meses.
El optimismo generado por las aperturas graduales en varios sectores recibe así un balde de agua fría. No obstante, los colombianos ya experimentaron una primera cuarentena para bien y para mal. En el lado positivo estarán quienes ya saben cuidarse y tomar las precauciones necesarias. Este regreso a la casa aliviará la presión sobre el ritmo del contagio.
Por el lado negativo, muchos habitantes de Bogotá y Medellín ya tienen la “fatiga de cuarentena” sea sicológica o económicamente. Muchos resistirán este nuevo encierro y será difícil reforzarlo. Este abrir y cerrar de la sociedad y de los sectores económicos no solo quebrará a muchos sino que pondrá a prueba la resiliencia colectiva en ambas ciudades.
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