Un nuevo y mejor amanecer
Construir un mejor futuro dependerá exclusivamente de nosotros. Y ¿Cómo nos fue por la casa? ¿Es posible que veamos un nuevo y mejor amanecer?
La crisis generada por el covid 19 puso en evidencia las brechas entre los países y las regiones en materia económica y social, así como las contradicciones entre los sistemas políticos y su manera de abordar las dificultades que de ella se generaron. Lo evidente es cómo se desnudaron las carencias, debilidades o fortalezas de las sociedades, la evolución de su desarrollo y sostenibilidad. El capital social acumulado se manifestó en cada una de las economías especialmente en la fortaleza o no de los sistemas de salud, las características del empleo, subempleo y sus mecanismos de protección.
Desde el punto de vista del capital productivo acumulado fue posible identificar la fortaleza de las cadenas productivas y sus posibilidades de respuesta frente a las demandas del mercado interno para la atención de las necesidades insatisfechas. También permitió medir y evidenciar, la fortaleza de los gobiernos para enfrentar la crisis pero sobre todo los acumulados de ahorro e inversión, la eficiencia o no de su política macroeconómica, su capacidad fiscal, monetaria y de regulación financiera, la fortaleza de su integración con el mundo, su grado de dependencia y los indicadores de equidad.
No valen los modelos, las simulaciones, las estadísticas maquilladas, los discursos vacíos. La realidad se manifiesta en las calles, la mayor o menor desigualdad se mide en aquellos que perdieron la vida y que afectó a los más pobres, a los más débiles y a los más viejos. Y, es que el capital social y productivo no es plastilina. En las crisis el pasado no perdona. Los países o regiones con mayor acumulado social y productivo, salen golpeados de la crisis pero con una evidente capacidad de recuperación. Aquellos donde se hicieron evidentes sus carencias tendrán que principiar de nuevo.
El encierro nos ha permitido profundizar en la reflexión. Mientras unos se sienten orgullosos de sus sistemas de salud, de sus políticas y realidades de protección al empleo formal, de sus bajos índices de subempleo, otros, no podrán disimular sus carencias y tendrán que reorientar sus políticas. Para eso es que podremos ejercer nuestro derecho a fortalecer la democracia y los liderazgos.
Nuevamente cobra importancia la fortaleza de las estructuras y los encadenamientos productivos para promover el crecimiento de los mercados internos y la integración regional. Regresarán las políticas económicas propuestas por aquellos que entienden la economía como una ciencia social no exacta ni basada en supuestos que rápidamente se revalúan frente a un mayor o menor grado de incertidumbre.
Será relativamente fácil medir el antes y el después de la pandemia: endeudamientos internos y externos, tamaño de los déficits fiscales y de cuenta corriente, tasas de desempleo y subempleo, indicadores de protección social, distribución del ingreso, las diferencias entre regiones, la pobreza y la indigencia, la mayor o menor proletarización de las clases medias y tantas cosas más que desnudarán nuestra verdadera realidad.
El pasado no perdona. Pero construir un mejor futuro dependerá exclusivamente de nosotros. Y ¿Cómo nos fue por la casa? ¿Es posible que veamos un nuevo y mejor amanecer?
Germán Umaña Mendoza
Profesor
germanumana201@hotmail.com
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