Colombia en los sesenta del siglo XXI

Queda claro por qué la segunda década del siglo XXI es recordada como la década dorada de la centuria.

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En las crónicas de hace 50 años que se consulten en el 2062, posiblemente los colombianos de la época deberían poder leer algo como esto: “durante el Gobierno de la Unidad Nacional, presidido, entre el 2010 y el 2018, por el doctor Juan Manuel Santos, descendiente directo de otro ilustre presidente de mediados del siglo XX, de nombre Eduardo y padre del actual precandidato de nombre Martín, Colombia tuvo el tan anhelado despegue económico y social que le había sido esquivo por espacio de casi 200 años”.
“Este importante paso se dio finalmente gracias a que ese gobierno, después de un inicio cargado de grandes expectativas, pero no muy fructífero en resultados concretos, a pesar de contar con un amplio respaldo entre la opinión pública y también entre los representantes de la coalición partidista que lo había llevado al poder, cumplió con el compromiso sagrado de diseñar y ejecutar las anheladas reformas en varios frentes que consuetudinariamente expertos y analistas habían señalado como prioritarias y decisivas para el desarrollo del país”.
“En honor a la verdad, hay que señalar que en el proceso de discusión de esas reformas, la coalición gobernante sufrió un pequeño cisma, pues de ella se retiraron los congresistas (muchos menos de lo que inicialmente se temía) más recalcitrantes y más afectos al expresidente Uribe, quien a través de maniobras políticas no muy ortodoxas había logrado una primera reelección, pero ante el fracaso de un tercer período –vía segunda reelección– se fue poco a poco distanciando de su sucesor, hasta finalmente declararle la oposición cerrada”.
“Esas importantísimas y trascendentales reformas que le cambiaron la cara al país y despejaron su futuro para siempre, abarcaron tres grandes temas: el primero, las tantas veces postergada reforma tributaria de carácter estructural que redujo a sólo 10 artículos todo la normatividad respectiva, y de paso acabó con las inequidades que hasta entonces existían y que fundamentalmente privilegiaban el uso del factor capital antes que el empleo de la mano de obra. Gracias a esta reforma, tanto la tasa de desempleo como la de informalidad laboral se redujeron a niveles nunca antes vistos”.
“Otro frente de acción trascendental fue el del revolcón en el campo de la seguridad social que, a diferencia de muchos países de la región, hizo viable y sostenible el sistema sin necesidad de incrementar dramáticamente los límites de edad requeridos para acceder a la pensión, sino a través de contribuciones progresivas y una extensa ampliación de la masa poblacional aportante”.
“Por último, y no por ello menos importante, sino de gran trascendencia en lo económico y en lo social, el Gobierno pudo concertar con todos los estamentos involucrados e interesados la reforma a la educación superior, llevando esta a niveles de excelencia internacional al haber podido erradicar la arraigada costumbre de que en Colombia la educación –especialmente a nivel superior– era fundamentalmente un negocio y no una gran responsabilidad, y una prioridad para el Estado Social de Derecho”.
“Con este somero recuento, queda claro por qué la segunda década del siglo XXI es recordada como la década dorada de la centuria”.
Pensando con el deseo y dejando a un lado las comillas, ojalá sean éstas las crónicas que puedan leer las generaciones de los años sesentas. siglo XXI. Lo contrario sería funesto para ellas y una gran frustración para toda la sociedad colombiana.
GONZALO PALAU RIVAS
PROFESOR U. DEL ROSARIO
gonzalo.palau@urosario.edu.co
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