El eje Bogotá- Lima- Santiago
Es cierto e innegable, que el monto diario de negociación en acciones rara vez supera los US$100 mil
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El encabezado de esta nota de opinión no pretende -faltaba más- promover una alianza política de tendencia de derecha entre los gobiernos que actualmente detentan el poder en estas tres ciudades capitales, para que sirva de contrapeso a la convergencia de criterios y propósitos ya existente por lado de la izquierda, entre los gobiernos imperantes en Caracas, Río de Janeiro y La Paz.
Hace referencia por el contrario, al importantísimo proyecto de integración de mercados que se viene cocinando entre las bolsas de valores de Colombia, Chile y Perú.
De acuerdo con el trabajo de grado elaborado por la estudiante de economía de la Universidad del Rosario, Karem Rey, la integración bursátil de las tres plazas llegaría a aglutinar 600 valores de amplia liquidez, y adicionalmente, encarnaría una capitalización bursátil -entendida esta última como el valor en bolsa de las compañías listadas- cercana a los 260.000 millones de dólares, inferior al monstruo brasileño que supera la cifra de los 600.000 millones, pero superior a los 200.000 millones de la bolsa mexicana, ubicada hoy por hoy en el segundo lugar a nivel regional.
Si los colombianos proclives al esotérico mundo de las acciones en Colombia perdimos hace cinco años a Bavaria como el título más emblemático y cercano a nuestros gustos y hábitos de consumo, ahora podremos desquitarnos y recrear el paladar transando títulos de la chilena Concha y Toro. Por el lado de la bolsa peruana vamos a encontrar una amplia y variada gama de acciones representativas de empresas del sector minero y energético, que sumadas todas equivalen a lo que hoy en día es en nuestra bolsa local la admirada Ecopetrol.
Bienvenido sea entonces este experimento, que seguramente a mucha mayor escala va a emular con el proceso que en Colombia se dio en julio del 2001, cuando las bolsas de Bogotá, Medellín y Occidente se integraron con el resultado de que uno más uno más uno, no dio tres (según indican las matemáticas simples), sino un efecto multiplicador ampliado, gracias a las sinergias y oportunidades derivadas de la fusión.
Es de esperar también, que de una vez por todas en la Bolsa de Valores de Colombia se ponga fin a lo que ya en los años ochenta, el ilustre economista, Mauricio Carrizosa identificó como una sucesión continua y errada de decisiones de política económica y de cultura empresarial, y que por décadas, ha impedido que el mercado accionario colombiano tenga un desarrollo a tono con la realidad y dimensiones de la mayoría de las variables propias de nuestra economía.
Es cierto e innegable, que el monto diario de negociación en acciones rara vez supera los 100 millones de dólares. Sin embargo, esta realidad lleva a desconocer que esa misma Bolsa fácilmente moviliza recursos en un día por un valor cercano o superior a los 5.000 millones de dólares, o lo que es lo mismo, a 10 billones de pesos contantes y sonantes.
Que la mayor parte de este ponqué la acapare el Gobierno, es cierto. Pero igualmente cierto es que 240 billones de pesos en negociaciones al mes o 2.880 billones de pesos al año (seis veces el PIB nominal) es mucho dinero, y ello ha sido posible, entre otras causas, gracias a procesos de integración a nivel nacional como el del 2001, o a nivel internacional como el que se espera para este 2010.
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