Los ginis latinoamericanos

Cada vez que se dan a conocer cifras actualizadas sobre los niveles de desigualdad económica y socia

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Cada vez que se dan a conocer cifras actualizadas sobre los niveles de desigualdad económica y social en los diferentes rincones del mundo, a los colombianos nos toca mirar para otro lado, pues el Gini nuestro va en ascenso, muy a pesar de todas las políticas supuestamente de alto contenido social que, por décadas, distintos gobiernos, de diferentes ideologías, han prometido en sus campañas, pero aparentemente han olvidado y archivado al momento de la verdad.
Es innegable que América Latina no es la región más pobre del mundo. Poblaciones o asentamientos ubicados en territorios de África subsahariana o del Asia medio-oriental, sobreviven en condiciones de precariedad, que seguramente por estos lados ni siquiera alcanzamos a imaginar.
Esto, sin embargo, no nos puede servir de consuelo frente a la cruda realidad de la generalizada desigualdad económica de nuestra región, entendida esta como la brecha entre los que más reciben o poseen y los que menos ganan o tienen.
Según informe del Pnud publicado en PORTAFOLIO, 28/09/10, el lamentable liderato en materia de desigualdad lo detenta Haití con un Gini del 59,3, seguido muy de cerca por Bolivia con el 59,2. Lo de Haití es dramático, pues allí se conjuga la pobreza con la desigualdad y por si fuera poco, la naturaleza con frecuencia se encarga de empeorar las cosas. Lo que sorprende es que el tercero y cuarto lugar en esta deshonrosa competencia, se lo disputen Brasil y Colombia, con ginis del 55,9 y 55,4 respectivamente.
La primera explicación habrá que pedírsela a los politólogos de por qué, aparentemente, ¿a mayor desigualdad social, mayor satisfacción entre sus pobladores, si la satisfacción se mide o se refleja en los índices de popularidad alcanzados por sus gobernantes de turno?
Para los expertos en psiquiatría esto equivaldría a la máxima expresión de masoquismo colectivo. Brasil es en este momento la potencia económica, que junto con China, está deslumbrando al mundo, y Colombia -mal que bien- es el alumno aplicado que por años y décadas, en forma rigurosa y juiciosa ha seguido y aplicado los dictámenes emanados de la ortodoxia económica.
Para resolver esta paradoja no basta decir que crecimiento no significa redistribución, pues tampoco suena plausible que el crecimiento sostenido por varios períodos no se traduzca mínimamente en un beneficio real para toda la población, o por lo menos para una buena parte de ella. Algo debe de estar mal en estas mediciones. O por la vía del crecimiento o por la vía de la distribución.
¿Cómo es posible que Venezuela aparezca como el segundo mejor país con un gini 10 puntos por debajo del nuestro, superado apenas por Uruguay? Si es cierto, que nos enseñen cómo es que están irrigando la riqueza petrolera entre el grueso de la población, y de paso aprendamos cómo evitar caer en la enfermedad holandesa, ahora que estamos ad portas de una bonanza minero-energética.
Ecuador y Nicaragua también nos superan con creces, y lo único en común que ellos tienen es la ideología y la orientación política de sus gobiernos. Que esta fuese la explicación sería muy lamentable y desestabilizante para la institucionalidad colombiana. Algo debe de estar mal calculado y/o conceptualizado, para usar un término de moda.
Seguramente esta perplejidad fue la que embargó al ex presidente Uribe cuando el Presidente del Senado comenzó su discurso en la ceremonia de posesión del nuevo Mandatario colombiano.
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