Los mágicos cien días
El Gobierno de Juan Manuel Santos tiene cien días para mostrar su talante y tomar las primeras y más
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Según los entendidos, el Gobierno del ya posesionado presidente Juan Manuel Santos tiene cien días para mostrar su talante y también para tomar las primeras y más importantes decisiones, aprovechando el inmenso capital político con que inicia su administración.
¿Qué tanto de este inmenso potencial tendrá que ver con decisiones de carácter económico? Si la política económica es la que más influye en el estado de las finanzas de ciudadanos y empresas, se podría pensar que los primeros anuncios deben ser de contenido económico. Esta percepción se refuerza aún más, si es cierto -como han informado los 'agentes secretos'- que la voz cantante en el Consejo de Gobierno no formal, realizado a cabo en la superacogedora Anapoima, la entonó y encarnó el nuevo Ministro de Hacienda.
Sin embargo, si uno reflexiona sobre qué tipo de medidas de gran impacto podrá dar a luz el nuevo Gobierno en estos mágicos cien días, no encuentra mucho campo de acción. Todos los expertos coinciden en que el problema estructural originado en el descuadre en las cuentas del Gobierno Central (déficit fiscal en términos académicos) requiere de un plan de choque inmediato. Esos mismos expertos han venido pregonando hasta la saciedad, que para enfrentar el problema era y es imperativo aplicar una reforma tributaria integral y estructural. En buen romance, crear nuevos tributos, aumentar los ya existentes o una combinación de las dos anteriores.
Esta posibilidad está totalmente descartada, pues siendo Santos candidato, se comprometió con nueve millones de electores a no hacer ni lo uno ni lo otro, y sería inadmisible que un presidente, recién posesionado, vaya a incumplir su palabra en los inicios de su Gobierno. Que lo haga hacia el final del mandato vaya y venga, ya que podrá argumentar que las condiciones han cambiado con el pasar del tiempo. Pero en los primeros cien días es totalmente inaceptable.
Si no se acude a ampliar la base tributaria -una de las más bajas en América Latina- al Gobierno le tocará seguir endeudándose, y como el nivel de endeudamiento interno está llegando ya a límites intolerables, no habrá alternativa diferente a seguir recurriendo al crédito externo, lo que implica que el Gobierno siga trayendo y vendiendo dólares, atizando la hoguera de la revaluación del peso para infortunio de los empresarios nacionales, dado su impacto negativo en exportaciones y producción nacional.
¿Qué medidas se pueden tomar para atacar la enfermedad holandesa? No hay que hacerse muchas ilusiones. Tipos de cambio diferenciales ya han sido descartados. Volver al control de cambios de los años 70 y 80 significaría ir atrás en el tiempo.
Impuestos a las exportaciones y al ingreso de capitales no son posibles en este mundo globalizado, y menos aún, a la luz de los tratados de libre comercio ya suscritos o en vías de ratificación. Con la revaluación del peso nos va a tocar convivir o eliminarla quirúrgicamente a través de la dolarización abierta o camuflada, como ocurre en Argentina y en el Perú.
Tomémonos un tinto el 17 de noviembre a las tres de la tarde para eventualmente constatar que lo más destacable de estos cien días sea la renuncia de Vargas Lleras al Ministerio de Gobierno, su reemplazo por el actual Ministro de Defensa y el nombramiento en este último cargo -en aras de la unidad nacional- de Gustavo Petro, una vez consumada su expulsión del seno del Polo Democrático.
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