A merced de mayas y romanos
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El 2011 terminó muy bien para Colombia, principalmente en el frente económico.
El 2012 ha arrancado también en muy buena forma y con gran beneplácito para toda la comunidad, gracias, de manera especial, a la decisión del alto Gobierno de eliminar o reducir en buena medida y cantidad el cúmulo de trámites, que hasta ahora en el diario vivir se vienen exigiendo a los ciudadanos de bien por parte de muchas o casi todas las entidades del aparato estatal.
Ahora falta que empresas y organizaciones del sector privado y ciertamente la Iglesia Católica sigan el buen ejemplo y eliminen también requisitos inútiles e innecesarios, tales como la autenticación de firmas y fotocopias.
En el panorama internacional por el contrario, hay dos serias preocupaciones: motivada la primera en la supuesta profecía de los mayas, según la cual el tantas veces vaticinado fin del mundo ocurrirá el 21 de diciembre del año en curso.
De resultar cierta esta predicción se perderían, por ejemplo, los ingentes esfuerzos de la dirigencia del fútbol colombiano para haber vinculado un estratega extranjero y aumentar –en la medida de lo posible– las probabilidades de que Colombia esté presente en el Mundial del 2014.
Dicho sea de paso, las calidades indiscutibles de este entrenador no garantizan la obtención del logro perseguido, entre otras razones porque el fútbol colombiano ya no cuenta con el ‘granito de arena’ que en otras épocas aportaron los mal llamados empresarios Rodríguez Orejuela, hoy afectados por conocidas y evidentes restricciones en materia de movilidad y posibles ejecutorias.
Sin embargo, en el campo internacional hay otro inmenso nubarrón que aún antes de que se pueda saber fehacientemente si los mayas tuvieron o no la razón, va a tener su campo de acción en lo que otrora fuera el epicentro del Imperio Romano.
En realidad el problema no es sólo de romanos, sino también de lombardos, napolitanos, toscanos, venecianos, sicilianos y demás habitantes de la atribulada República italiana actual. La deuda pública de este país puede explotar como lo hiciera el Vesubio siglos atrás y destruir toda la arquitectura financiera internacional, hoy vigente.
Expertos en la materia nos recuerdan y precisan que esa deuda equivale al 120 por ciento del PIB de la nación.Recordemos que la deuda del Gobierno colombiano –inter-na y externa– no llega al 40 por ciento del mismo indicador y, a pesar de ello, de cuando en cuando nos genera preocupaciones.
Pero lo más grave no es la magnitud la deuda como tal, sino los vencimientos o pagos que el Gobierno italiano va a tener que realizar en el corto plazo (léase primer semestre y especialmente febrero) si no quiere defraudar a sus acreedores.
Algunas cifras que circulan en las redes sociales indican que dichos pagos son superiores a todo el PIB de Colombia.
Como quien dice que si en un acto de generosidad extremo los colombianos le entregásemos al Gobierno italiano toda nuestra producción o todas nuestras remuneraciones de un año, ello no sería suficiente para solventar la situación.
Si el Gobierno italiano llegase a incumplir, los más afectados inicialmente serían los grandes bancos franceses y alemanes, pero como estos a su vez están fuertemente apalancados en bancos norteamericanos, el derrumbe del sistema financiero internacional sería una dolorosa realidad.
Lo de los mayas pasaría a un segundo plano.
Gonzalo Palau Rivas
Profesor F. de Economía, U. del Rosario
gonzalo.palau@urosario.edu.co
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