Sexo, crimen y derechos

Algún día habrá que cambiar la expresión ‘Derechos Humanos’ o “Derechos del Hombre".

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Producto de la globalización y de la aparición permanente de nuevos instrumentos de comunicación virtual y satelital, es inevitable que en el lenguaje diario nos hayamos venido acostumbrando al uso de una cantidad de términos que nada tienen que ver con la lengua castellana.
Es normal que hoy en día, criaturas de sólo tres años, que aún no distinguen las vocales del abecedario, usen con propiedad palabras tales como ‘blackberry’, ‘i-phone’, ‘ipad’, ‘google’ y otras hierbas similares.
Que esto esté ocurriendo por los avances de la tecnología y las comunicaciones, bienvenido sea. Lo que es inaceptable es que se use de manera incorrecta el idioma para situaciones que nada tienen que ver con la modernidad o el surgimiento de nuevos inventos.
Ahora que el Gobierno ha hecho realidad la resurrección de los tres ministerios que habían sido abolidos o fusionados, se argumenta que la prioridad del remozado Ministerio de Justicia es diseñar y aplicar una verdadera y eficiente política criminal.  En mi modesta opinión, política criminal es la que desde muchos años atrás han venido ejecutando delincuentes, corruptos, terroristas, paramilitares, interceptadores de llamadas; en una palabra, los criminales en su acepción más evidente.
Uno esperaría que al Estado y dentro de él a cualquiera de sus agencias, lo que le corresponde es atacar la criminalidad en todas sus manifestaciones y, por lo tanto, estructurar una adecuada política anticriminal. Esta confusión en el correcto uso del lenguaje puede tener su origen en el hecho de que existe un convencimiento generalizado acerca de la perversa injerencia que en el manejo de muchísimas dependencias del Estado, han tenido precisamente los representantes del crimen.
Es hora de cambiar esta mentalidad. Otro uso equivocado del idioma es el que en estos días se ha escuchado reiterativamente a propósito de la discusión sobre la constitucionalidad del matrimonio entre personas del mismo género. Decir personas del mismo sexo es un ex propósito, pues una cosa son las inclinaciones –todas ellas respetables– que las personas puedan tener en relación con sus congéneres y otra es el sexo o la actividad sexual que es inherente al ser humano como también a las demás especies vivientes, independientemente de si están catalogadas como hombres (machos) o mujeres (hembras). 
Referirse a personas del mismo sexo querría decir personas con poca imaginación, proclives a la rutina y monotonía y que seguramente son las que terminan con las relaciones armónicas entre las parejas. Si hay alguna actividad que por muchas razones requiere de cambios permanentes y no más de lo mismo, es precisamente el sexo.
De no ser así la estirpe humana se habría extinguido siglos ha. Hablemos entonces de las relaciones o matrimonios entre personas del mismo género y esto nos ayudará a entendernos mejor. En el mismo orden de ideas, algún día habrá que cambiar la expresión ‘Derechos Humanos’ o ‘Derechos del Hombre’.
Esta incongruencia es evidente e inaceptable para la población que por designios de la naturaleza es más diestra con la mano izquierda –o con el pie, si de futbolistas se trata)–. 
GONZALO PALAU RIVAS
PROFESOR DE ECONOMÍA, U. DEL ROSARIO
gonzalo.palau@urosario.edu.co 
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