Tasa de interés y cartera morosa
Actualizado:
A pesar del llamado de atención del Gobierno y de la opinión adversa de la clase empresarial, el Banco de la República subió en 9 oportunidades la tasa de intervención desde febrero del 2011 hasta el mismo mes del 2012.
Producto de estas decisiones, esa tasa, que estaba en su nivel mínimo histórico del 3%, llegó al 5,25%, actualmente vigente.
La decisión del Banco de incrementar su tasa en el periodo reseñado obedeció a la preocupación de que los agentes económicos –hogares, empresas e, incluso, Gobierno– estuviesen acudiendo excesiva y peligrosamente al crédito bancario para financiar gastos corrientes y así estar generando indebidas presiones inflacionarias.
Al subir la tasa de intervención, se supone que los intermediarios financieros deben hacer lo propio con sus clientes demandantes de crédito, y estos –por simple ley de oferta y demanda, hasta ahora no derogada por tribunal constitucional alguno– deberían abstenerse (ante el mayor costo) de solicitar créditos nuevos, y de esa forma contribuir a frenar la expansión monetaria, principal fuente del rebrote inflacionario.
Hasta aquí, todo bien y muy coherente.
Sin embargo, si uno revisa la información suministrada por la misma Superfinanciera y analizada por la junta del Banco en su última sesión, encuentra que, curiosa y extrañamente, desde que se ha aumentado la tasa de intervención, la cartera del sector financiero en pesos ha venido aumentando casi al 20%; más grave aún es, que, dentro de la cartera total, la que más viene creciendo (aprox. al 25%) es la de consumo, o sea, la usada por las familias en las que se supone que más incidencia debería tener el incrementado costo financiero, vía tasa de interés.
Si esto es así, hay varias hipótesis, pero ninguna de ellas satisfactoria: el aumento en la tasa de intervención no se ha reflejado en la tasa final al usuario, caso en el cual la decisión de política monetaria se vuelve inocua, y este no es propiamente el objetivo; otra explicación sería que los hogares –por ignorancia o rigidez en los patrones de consumo ya estable- cidos– siguen endeudándose, y en este caso la decisión de política no sería inocua, sino inicua e, incluso, perversa.
Para ensombrecer aún más el panorama, la cartera en mora de este segmento está adquiriendo un ritmo nada deseable y ahí sí se deben prender, como de hecho se está haciendo, todas las alarmas.
En los países de la Zona Euro, en crisis profunda –Grecia, España e Italia–, el problema más grave es la sostenibilidad del sector financiero, pues las personas que en el pasado fueron ‘beneficiarias’ de crédito a bajo costo, ahora no pueden pagar sus deudas, con una explicación casi que es una justificación.
Con los niveles de desempleo que hay, es comprensible que lo primero que dejan de atender las personas sin ingreso laboral estable sean las deudas con los bancos.
En el caso de Colombia, el crecimiento económico arroja resultados más que favorables y la tasa de desempleo viene a la baja, lenta, pero consistentemente.
¿Por qué, entonces, el aumento en la cartera morosa? ¿Las mayores tasas de interés estarán afectando gravemente los presupuestos de las familias? Resolver este dilema para nosotros puede ser tan importante como para Europa escoger entre austeridad y reactivación económica.
Gonzalo Palau Rivas
Profesor, Universidad del Rosario
Temas relacionados
Ponte al día