Treinta ministerios no serán suficientes

La idea del presidente Santos de gobernar con todo el mundo implica darles representación y poder bu

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Hace ocho años al momento de la instalación del primer gobierno Uribe, prevaleció el criterio de que era fundamental reducir el tamaño del Estado y en virtud de ello una de las primeras decisiones fue la de fusionar ministerios, que bajo un sólo paraguas podrían atender adecuadamente funciones adscritas y desempeñadas hasta ese momento por distintas entidades.
Era evidente que el cierre de algunas entidades no iba a resolver por sí solo el problema estructural del déficit fiscal que aqueja al Gobierno colombiano. Sin embargo, era un mensaje claro y contundente acerca de lo que se pensaba hacer con el fin de ponerle una talanquera a la 'elefantíasis' del aparato estatal. Ocho años después nos encontramos con una teoría totalmente diferente, según la cual por culpa de esas uniones, en estos años, ni la justicia funcionó, ni la salud pública fue atendida y, peor aún, los daños al medio ambiente no fueron contrarrestados. Esto es confundir la forma con el fondo; el contenido con el empaque o pensar que la calentura está en las sábanas. Si ello fuese así, Bolivia solucionaría su inconveniente de acceso al mar con la sola creación del ministerio de la Marina o en Colombia el gravísimo problema del desempleo se resolvería en un abrir y cerrar de ojos con la resurrección del extinto ministerio del Trabajo.
En el mismo orden de ideas, en muy poco tiempo desaparecerá la congestión en los despachos judiciales, las cárceles van a dejar de de estar hacinadas, los pleitos entre las partes serán resueltos en menos de un año; todo ello gracias a la presencia formal de un nuevo y remozado Ministerio de la Justicia. Demasiado hermoso para ser cierto. Lo innegable es que el restablecimiento de estas entidades sí requerirá de las correspondientes asignaciones del presupuesto nacional; las cuales no se limitan a la remuneración de quien desempeñe la jefatura de la respectiva cartera, sino que comprende toda la parafernalia propia de cualquier entidad pública que en nuestro país opere y viva del presupuesto nacional.
Sin embargo, lo más grave no está ahí, sino en el pésimo mensaje que se envía a la comunidad, y especialmente al estamento político. Ya se oyen voces para crear el ministerio del Deporte a ver si algún día llegamos como cualquier Uruguay a las semifinales de un Mundial de Fútbol. Como los problemas de desatención que aquejan a la niñez en Colombia son inconmensurables, pues la solución es crear el ministerio de la Infancia, y así mismo, el de la Mujer, para reducir o eventualmente acabar con la discriminación de género en los cargos de la administración pública.
La atención a los desplazados -tal vez el mayor problema y la mayor vergüenza de la sociedad colombiana- sólo podrá ser atendido con la creación del respectivo ministerio. Y ¿qué decir de temas tan importantes y acuciantes tales como el turismo, la competitividad, la infraestructura, la atención a la pequeña y mediana empresa, el apoyo siempre precario a la investigación y muchos otros que, con argumentos similares, reclamarán su presencia en el gabinete ministerial? Será preciso tener una nómina de no menos de 30 ministerios.
Esta nueva tendencia tiene otro viento a su favor. La idea del presidente Santos de gobernar con todo el mundo implica tener que darles representación y poder burocrático a todas las tendencias políticas, y ello sólo se logra con ministerios a diestra y siniestra.
 
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