¿Y, qué va a hacer la gente?

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Según un informe publicado por la OIT en enero del 2010, el número de desempleados llegó a 212 millones en el 2009, representando un incremento de 34 millones, la mayoría en el último año, con relación al 2007.
Para entonces, el desempleo mundial oscilaba entre 6,3% y 6,9%, a pesar de que en el 2009 se empezaban a notar crecimientos en la economía.
Estas cifras pudieran no parecer alarmantes, pero sólo si se dejan de lado los índices de trabajo vulnerable y de extrema pobreza.
El mismo texto muestra que 633 millones de personas y sus familias vivían en el 2008 con menos de US$1,25 al día, y 1.183 millones con menos de US$2; la situación es particularmente dramática en el sur y sudeste asiático, y en África subsahariana.
Estos no son hechos nuevos, pero son muy graves porque obedecen a una tendencia cuyo ritmo se acelera, por lo que es inevitable preguntarse: ¿qué va a hacer la gente?
En los años recientes se ha logrado formar conciencia sobre la necesidad de incorporar la protección de la naturaleza en los planes de desarrollo; poco o nada se dice y se hace respecto de la obligación de conservar la especie humana en condiciones laborales decentes, las cuales, según la OIT, significan salarios y seguridad social adecuados y el acceso a mecanismos efectivos de diálogo social, que garanticen los derechos fundamentales de los trabajadores.
Por el contrario, las cadenas interminables de fusiones y adquisiciones, y los planes de reestructuración de las empresas, casi sin excepción toman como punto de partida la eliminación de puestos de trabajo.
Para la muestra, noticias de prensa de los últimos dos años, tomadas al azar, que anuncian despidos en: Motorola 4.000, Nissan 20.000, Hewlett Packard 9.000, Shell 1.800, General Motors Europa 3.500, ONO 1.000, Volkswagen 16.500, Río Tinto 14.000, Seat 5.300, Boeing 10.000, Intel 10.500, Varig 5.500, AOL 5.000, Panasonic 40.000, Walmart 11.200, Prisa 2.500, Nokia 4.000, sin contar grandes cifras de despidos en el sector público de varios países, incluyendo Cuba y EE. UU.
Muchos millones de trabajadores han sido y están siendo reemplazados por las máquinas, como resultado de los avances tecnológicos, que no dan tregua, y es probable que uno de los principales responsables de la masacre laboral sea el transistor amplificador de germanio.
Esta pequeña maravilla, que entró de lleno a comercializarse en sus múltiples aplicaciones en los 60, permitió la miniaturización y con ella el desarrollo de la era electrónica, con todo tipo de aparatos portátiles, viajes espaciales, grandes avances en la medicina y, por supuesto, de forma definitiva en las comunicaciones; podría decirse que en su momento fue un invento tan importante como la rueda.
La dolorosa paradoja consiste en que, mientras la humanidad se enfrenta al gran reto de encontrar ocupación decente para una proporción enorme de los habitantes del planeta, el desarrollo económico parece depender de la capacidad de las empresas para suprimir empleos y generar más utilidades. Algo similar a lo que ocurre en Bogotá con la movilidad: es el problema más grave, pero se apuesta a vender más vehículos para que crezca la economía.
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