‘Apra cadabra’
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Con la llegada del presidente Humala al poder en el Perú, muchos analistas han optado por señalarlo como el ‘nuevo Lula’.
Ante el deseo de ver en él la genuina personificación de una izquierda moderna, similar a la que ha resultado exitosa en Brasil, Chile y Uruguay, se han olvidado de que el verdadero ejemplo y al cual Humala deberá ceñirse, si quiere salir airoso, corresponde a lo logrado por el Gobierno aprista en cabeza de Alan García.
Lo alcanzado por García es bastante interesante desde varios puntos de vista: en el plano ideológico logró adaptar muchos de los postulados históricos de su partido a las dinámicas actuales y desde el punto de vista práctico supo corregir los errores, producto del dogmatismo estatista, que representaron descalabros durante su primera administración entre 1985 y 1990.
Las ideas originales de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del Apra, se basaron en consolidar un proceso de integración regional con la participación de EE. UU., sin estar las naciones sometidas a designios imperiales; considerar la intervención estatal bajo el modelo keynesiano, cuando las fallas del mercado lo ameritaran; expandir la clase media; rechazar el modelo marxista y su perversa sucursal en la Habana; fomentar la cooperación con los países industrializados y hacer del desarrollo una lucha de pueblos y no de clases.
Con estas pautas, sumadas a la prudencia fiscal y monetaria, el deseo de garantizar estabilidad a la inversión internacional, la estructuración de un modelo de descentralización gradual, el dinamismo de los mercados de capital y la integración comercial con la región, Europa y Asia, los resultados entregados por García hablan por sí solos.
Durante su administración se duplicó el PIB y el ingreso per cápita, se detonó una importante ola de consumo privado, como lo evidencia haber quintuplicado la venta de vehículos y electrodomésticos, se llegó al 95 por ciento de cobertura de telefonía móvil, se logró la mayor inversión privada en treinta años, se redujo la pobreza del 48 por ciento al 32 por ciento, se duplicó el gasto social, se disminuyó el peso de la deuda al 23 por ciento del PIB y se triplicaron las transferencias a los gobiernos subnacionales.
¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta Humala? Con los resultados de su antecesor, lo primero es mantener la senda sin cambiar los fundamentos macroeconómicos.
García no creyó en las transferencias condicionadas y esa ha sido la bandera del nuevo Presidente para profundizar en lo social, lo cual deberá aplicarse sin aumentar el déficit fiscal. Del mismo modo, desmontar estructuralmente la informalidad, aumentar el acceso a vivienda y derrotar la inequidad, son promesas de campaña que el nuevo gobernante firmó en piedra.
García ha dejado un legado deslumbrante que Humala ha minimizado por razones políticas.
El problema está en que superarlo, apelando a mayor gasto y endeudamiento, puede inquietar a la inversión y afectar, como por arte de magia, la confianza que los mercados tienen hoy en el Perú.
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