Bogotá 2030

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Las ciudades dominan la economía mundial. Seiscientos centros urbanos generan el 60 por ciento del PIB del planeta, de los cuales 362 están situados en países desarrollados.
Esta situación está llamada a cambiar en las próximas dos décadas y se estima, según estudios de JP Morgan, que para el 2030 más de la mitad de las urbes que dominarán la escena económica global estarán en naciones que hoy consideramos emergentes.
Esta avasalladora realidad tendrá efectos en el consumo de bienes y servicios.
Se requerirá casi tres veces la cantidad de infraestructura portuaria en el mundo para absorber la demanda por productos y, muy seguramente, se incrementará en un 90 por ciento el espacio de construcción para dotar de soluciones habitacionales a más de 600 millones de nuevos habitantes en las metrópolis de Asia, África y América Latina.
¿Cómo se ve Latinoamérica en esta ecuación?
Para el 2030, se calcula que muchas ciudades tendrían una expansión económica importante, duplicando ostensiblemente el tamaño de su economía.
De acuerdo al ranking de las 65 urbes más dinámicas, realizado por el MacKinsey Global Institute, aparecen São Paulo, Ciudad de México, Buenos Aires, Lima, Santiago, Brasilia, Belo Horizonte y Río de Janeiro. Con tristeza, la gran ausente es Bogotá.
Por supuesto, la capital colombiana también tendrá una notoria expansión económica, pero lo preocupante es que no está siendo considerada una ciudad dinámica.
Esto no es para lamentar, sino, por el contrario, para actuar.
Los frentes de acción deben inicialmente centrarse en seguridad, donde Bogotá ha tenido avances muy importantes; transporte y movilidad; ambiente de negocios; calidad ambiental, e inclusión social.
En materia de seguridad se requiere profundizar la prevención, la sanción efectiva, la aplicación de nuevas tecnologías y la participación comunitaria.
Acerca de la agenda de transporte, no da espera el sistema integrado de transporte masivo, promover el uso del car pulling, aplicar vías exprés y estimular distritos funcionales especializados para no embotellar la ciudad en un solo centro económico y administrativo.
Con respecto al ambiente de negocios, preocupa que en Bogotá se tarde 20 días para abrir un negocio, se requieran 11 permisos para construir, 200 horas al año para diligenciar impuestos y que hacer valer un contrato cueste 52 por ciento de la demanda, según el Banco Mundial.
Abordar estos desafíos requiere simplificar trámites, estimular el emprendimiento, atraer la inversión, mejorar la infraestructura y contar con una agenda distrital de capital humano.
En lo ambiental es definitivo avanzar en eficiencia energética, reducción de emisiones, gestión de desechos, uso de la tierra y cultura ciudadana.
Si miramos la agenda social, es necesario ampliar con calidad la cobertura de servicios básicos, vencer la exclusión cultural de los menos favorecidos y avanzar en empleo juvenil.
El 2030 está a la vuelta de la esquina y Bogotá requiere consensos para no perder el futuro.
Iván Duque Márquez
Analista - Consultor internacional
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