Coordinación egoísta
Ante las incesantes impaciencias de los mercados por la situación fiscal de algunas de las economías
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Con anuncios y compromisos culminó una nueva cumbre del G-20. Al igual que ocurrió al momento de su creación para enfrentar la crisis financiera del 2008, esta organización que congrega el selecto grupo de las 20 economías más grandes del mundo, ha salido ante la opinión pública para difundir medidas orientadas a garantizar la estabilidad económica en momentos de nuevas preocupaciones.
Ante los sucesos de Europa y las incesantes impaciencias de los mercados por la situación fiscal de algunas de las economías más poderosas, los jefes de Estado congregados en Toronto se comprometieron a reducir sus déficit fiscales en un 50 por ciento para el 2013. Lo llamativo de este anuncio es que Barack Obama dejó entrever su resistencia a semejante promesa, sosteniendo que "demasiada austeridad con demasiada velocidad podría impactar negativamente en el ritmo de recuperación de la economía global".
Entre discusiones, diálogos y ruedas de prensa, la reunión dejó traslucir cierta incertidumbre sobre la verdadera voluntad de algunos países para honrar compromisos que afecten sus intereses estratégicos. El mejor ejemplo está en China, que fuera de suscribir la declaración, fue presionada para dejar que su moneda fluctúe conforme a las leyes del mercado, sin la manipulación de sus autoridades, permitiendo una necesaria apreciación del tipo de cambio.
En medio del intercambio de ideas muchos países expresaron la necesidad de corregir los desbalances globales emanados de la relación entre los países que presentan déficit y superávit de cuenta corriente. Tanto China como Alemania, que son los mayores exportadores de manufacturas y cuentan con superávit comerciales y enormes niveles de ahorro, expusieron sus preocupaciones por el 'endeudamiento irresponsable' de sus socios comerciales, pero indicaron la necesidad de continuar manteniendo un incremento continuo de sus exportaciones como motor de crecimiento. Claramente se trata de una posición poco coherente, pues los superávit de ellos alimentan los déficit pantagruélicos de otros países. En pocas palabras, con los ahorros de China, hay países que continúan financiando deudas fiscales alarmantes.
Vista las cosas en contexto, un deterioro de la deuda y la calificación crediticia de los países con déficit fiscales insostenibles puede conducir a una depreciación drástica de los activos en poder de entidades públicas y privadas de los Estados que hasta ahora han financiado la fiesta. De la misma manera, un apretón muy fuerte en los países que más demandan de los exportadores de manufacturas, también puede deteriorar el panorama fiscal de naciones como Alemania.
En el caso de China, caer en la presión de dejar flotar su moneda y facilitar una apreciación, podría tener impactos en su ritmo exportador, el cual ha contado con el apoyo incondicional de una política monetaria altamente controlada. A esto hay que agregarle que las protestas de trabajadores por mejores condiciones sociales y laborales han llegado a su punto más alto, tornándose en un dolor de cabeza para el Gobierno.
Al ritmo de los acontecimientos, la anhelada cooperación internacional para estabilizar la economía y generar un crecimiento sostenible durante esta década, parece depender de una coordinación en la que algunos estén dispuestos a sacrificar intereses con grandes costos políticos y sociales. Si entre otros, China no está dispuesta a ceder en su política monetaria, Estados Unidos no establece una agenda de ajuste creíble y Alemania asume las consecuencias del apretón europeo, el egoísmo de momento puede generar nuevas calamidades.
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