Creatividad 7i

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Durante el último año, las políticas de creatividad y cultura en América Latina han experimentado importantes transformaciones. Brasil, por ejemplo, lanzó, en cabeza de Claudia Leitau, la secretaría de Economía Creativa, adscrita al Ministerio de Cultura, mientras Argentina, también dentro del mismo ministerio, le ha dado un importante fortalecimiento a la dirección encargada de promover las industrias creativas.
Por supuesto, este enfoque obedece a un movimiento internacional, donde países como China, Singapur, Australia, Nueva Zelandia, Canadá y China, se han propuesto hacer de su sector creativo el puente más rápido hacia una economía basada en el conocimiento.
Dicho esto, y reconociendo el inmenso trabajo que toda la región latinoamericana y caribeña debe emprender para no quedarse rezagada y aprovechar integralmente las favorables condiciones de inversión y acceso a mercados, vale la pena concebir un marco de políticas hacia la creatividad y la cultura, cimentado en siete puntos concretos.
Este marco, el cual podría denominarse 7i, se basa en:
1i. Sistemas de información e investigación de economía creativa: es urgente que los países avancen en mapear su infraestructura cultural y el universo de empresas que hacen parte de los sectores creativos, midiendo con indicadores confiables su impacto socioeconómico.
2i. Instituciones: es prioritario fortalecer los organismos responsables de la agenda cultural y creativa, formando servidores públicos especializados y mejorando los mecanismos de formulación de política pública.
Darle especial relevancia a dotar los departamentos de estadística con cuentas satélites sectoriales, coordinar estructuralmente las líneas de responsabilidad en materia de propiedad intelectual, apoyar la creación de instituciones gremiales que integren las industrias creativas y los mecanismos de intercambio de lecciones sur-sur, es esencial.
3i. Infraestructura: invertir en infraestructura como centros culturales, museos, bibliotecas y laboratorios de diseño, animación, entre otros, es determinante para crear un espacio de vocación cultural y creativa.
En este frente, las alianzas público-privadas y la participación de corporaciones motivadas por criterios de responsabilidad cultural empresarial son vehículos efectivos.
4i. Industrias: construir políticas de selección y promoción de talento, incentivar los mecanismos de capital emprendedor, abrir mercados mediante TLC, está comprobado que detona la rápida expansión sectorial.
5i. Integración: generar intrarregionalmente instrumentos de coproducción, comercialización, codistribución y cooperación contribuye estratégicamente a sectores como televisión, cine, música y videojuegos.
6i. Inclusión: concebir la democratización del acceso a la cultura como un pilar de la agenda social, expandir masivamente el uso de las plataformas digitales, incubar el concepto de ciudades creativas y crear canales de cohesión social donde se unan en la producción artística integrantes de distintos estratos, aporta estructuralmente a la calidad de vida comunitaria.
7i. Inspiración: facilitar intercambios culturales entre los países de la región, crear premios y reconocimientos, y replicar esquemas de becas como el programa Erasmus, en Europa, motivan más profesionales en sectores creativos.
Tal vez falten más conceptos, pero lograr estos siete puntos en una alianza de Estado, mercado y sociedad civil es la base para que América Latina no desaproveche una oportunidad de oro.
Iván Duque Márquez
Analista
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