Creatividad estratégica
Actualizado:
El reconocido analista y gurú de la Reinvención del Estado, David Osborne, ha sostenido en repetidas ocasiones que en el diseño y ejecución de las políticas públicas está la personalidad y profundidad de una estrategia de gobierno. Para poder definirlas es necesario examinar con rigor los objetivos que se fijan y los medios para obtenerlas.
Según Osborne, un gobierno que tiene un alto conocimiento de sus metas y un bajo conocimiento de los medios para lograrlas, cae estrepitosamente en el terreno del idealismo y por lo tanto la inefectividad.
Del mismo modo, un Estado que es difuso en sus objetivos, pero cuenta con una buena maquinaria administrativa, especializada en la gestión del día a día, termina consumido en el burocratismo.
Ni qué decir del Estado que desconoce los dos elementos, pues sencillamente es la personificación de la improvisación.
Ante estas clasificaciones queda claro que el verdadero sentido estratégico en las políticas públicas está en una clara macrovisión y un dominio de los medios para materializarla.
Esto implica control de las variables políticas y presupuestales, manejo de los tiempos, comunicación pública, implementación operacional y medición de resultados.
La anterior clasificación es oportuna para evaluar lo que ocurre mundialmente con las políticas de innovación y creatividad.
Casi todos los países aplican maravillosamente la difusión de los objetivos, señalándola como la avenida a la economía del conocimiento, la siguiente frontera, el nuevo paradigma, etc.
El problema es que muy pocos han logrado aterrizar en medidas concretas las acciones para que las industrias creativas adquieran mayor protagonismo y se discuta si los modelos educativos están formando gente para presentar exámenes de Estado o individuos cuyo potencial y talento cree riqueza. En la reciente cumbre de Apec, tanto el presidente de China como el de Indonesia expusieron sus agendas de creatividad, cultura e innovación, fijando como meta visible un aumento de los empleos concentrados en las ciencias, las artes, la academia y la tecnología. Para ellos, el ejemplo de naciones como Singapur, donde la ‘clase creativa’, es decir, los trabajadores en estos sectores, representan el 47% del empleo, es un paradigma a seguir.
Según la revista Atlantic Montlhy, en países como Australia, Canadá y Nueva Zelanda, los empleos en estos sectores ya superan el 40%, evidenciando que la integración entre las materias primas y la economía del conocimiento es un camino de éxito para la creación de riqueza.
¿Cuáles han sido los medios para alcanzar estos resultados? Educación de calidad orientada al fortalecimiento y desarrollo de los talentos y aptitudes; ubicar en un mismo plano la formación tecnológica, matemática, humanística, científica y artística; construir una política de talento, y la combinación de becas, incentivos al emprendimiento creativo y el fomento a la inversión privada en esos sectores.
En nuestra región hay grandes objetivos, pero es en los medios y las metas donde hay que concentrarse para que ni el idealismo, el burocratismo y la improvisación retrasen una tarea que no da espera.
Temas relacionados
Ponte al día