Dar y recibir

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Adam Grant es un fenómeno en el área de psicología organizacional. Con solo 31 años es el profesor titular más joven de la prestigiosa escuela de negocios Wharton, en EE. UU., y sus decenas de estudios lo han llevado a ser asesor de grandes empresas, aportando ideas y estrategias para motivar empleados y crear un clima de trabajo que favorezca la productividad.
Con el fin de brindar un nuevo enfoque al desempeño organizacional, Grant publicó el libro Dar y recibir (Give and Take).
A lo largo del texto, el autor divide a los funcionarios de una organización en tres categorías.
En primer lugar, están los serviciales (Givers), quienes dan mucho más de lo que reciben y permanecen atentos para aportar a sus colegas, aun cuando acumulen más responsabilidades e implique un elevado sacrificio.
En segundo plano se encuentran los merecidos (Takers), los cuales siempre reciben mucho más de lo que dan y aprovechan las circunstancias a su favor para sacar crédito, beneficiarse y proyectarse, sin esforzarse por ayudar a nadie más.
De alguna manera, los merecidos no dan puntada sin dedal, siendo el típico individuo que se acerca al árbol con más sombra.
Por último están los convenientes (Matchers), que sencillamente dan en la medida que reciben. Son los que viven en un quid pro quo permanente y buscan que cualquier favor sea compensado.
Lo interesante del estudio de Grant es que la evidencia encontrada desvirtúa el pensamiento convencional.
Basado en un análisis profundo de desempeño en distintas profesiones, los serviciales están tanto en la cúpula del mejor desempeño como en la parte inferior. Se podría decir que estos también se proyectan como líderes y quieren ascender, pero su estrategia está marcada por ayudar a los demás y construir poder basado en la confianza y credibilidad. Lamentablemente, los serviciales pueden desempeñarse mal por exceso de responsabilidades, que los pueden distraer de sus prioridades.
En el caso de los merecidos y convenientes, siempre se sitúan en el desempeño intermedio y posiblemente estándar del comportamiento corporativo. El libro está lleno de ejemplos que ilustran claramente los casos de éxito y fracaso.
¿Pueden Grant y su teoría explicar el liderazgo? Indudablemente sí.
Como lo indica el texto, Abraham Lincoln fue un líder servicial, dedicado a la gente, motivado por un diálogo genuino con los ciudadanos, buscando constantemente anteponer los intereses de la patria y dando crédito a los miembros de su equipo. También están los líderes merecidos que alcanzan el poder, valiéndose de relaciones por conveniencia y motivados por sus aspiraciones personales, además de atribuirse todos los éxitos.
Llegan a la cúpula, pero pierden la confianza rápidamente.
En las empresas, la política y la vida personal, Grant demuestra que los verdaderos transformadores son aquellos que enriquecen la vida de los demás, creando verdaderas relaciones humanas y facilitando el triunfo de otros.
Iván Duque Márquez
Autor de Pecados Monetarios
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