Ejemplo charrúa

Esa 'garra' alguna vez la alcanzamos a vivir en nuestro país. Quizás la Selección Colombia que derro

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La naranja mecánica extinguió la última esperanza de ver un equipo suramericano en la final del mundial. Cumpliendo el sueño de Rinus Michels, quien condujo a Holanda a la final de 1974, apoyado en la genialidad apabullante de Johan Cruyff, Wesley Sneijder y Arjen Robben, fueron los héroes que contribuyeron a la derrota de la sinfónica brasileña y la garra charrúa.
A pesar de la derrota, Uruguay dejó huella. Su paso a las semifinales marcan el renacer del espíritu guerrero que dejó marcado el Centenario de Montevideo, al inaugurar con la corona la Copa Mundo en 1930, y por supuesto, el Maracaná, al haber usurpado, en 1950, el anhelo triunfador del pueblo carioca con la maestría de Schubert Gambetta, Obdulio Varela, Juan Alberto Schiaffino y Alcides Ghiggia.
La fuerza de Forlan, la frialdad del 'Loco' Abreu, el cálculo milimétrico de Muslera, confirman que Uruguay es una nación que vive para el fútbol. Se trata de un sola hinchada de tres y medio millones de almas, con un PIB nominal que no supera los 30.000 millones de dólares en un territorio semejante al altiplano cundiboyacense, que ostenta sin lujos, pero con gallardía, dos medallas de oro olímpicas, dos campeonatos mundiales, catorce Copas América, ocho Copas Libertadores y seis Copas Intercontinentales. Se trata de una pequeña fábrica de jugadores y de talento, que hace casi inverosímil entender cómo un país tan pequeño es capaz de producir tantas glorias en el deporte más competido y practicado de la Tierra.
El equipo que llegó a Sudáfrica con la conducción de Óscar Washington Tabárez, pisó la cancha con humildad y al mismo tiempo con vocación de gloria. En la memoria de una nómina 'barata', comparada con muchos de sus contrincantes, estaba la creatividad de Enzo Francescoli, la velocidad del 'Policía' Alzamendi, la precisión del 'Polilla' Da Silva, el ánimo cooperante del 'Bocha' Santín, el cambio de ritmo de Rubén Sosa y la jerarquía del 'Pato' Aguilera. Era como si de repente, la herencia de talento, pero sin triunfos de la Selección uruguaya, de México 86, contagiara una nueva generación de jugadores ansiosos de romper la barrera de no acariciar una semifinal desde 1970, cuando la magia de Pelé, 'Tostão' y Rivelino aniquiló la sed de gloria.
Uruguay no llegó al título en el 2010, pero dejó lecciones a Brasil y Argentina de lucha y deseo de victoria, aun en los momentos más difíciles. La 'garra' de la que tanto hablan los amantes del fútbol es la mejor personificación de la fuerza que el onceno charrúa puso en cada minuto y en cada batalla.
Esa 'garra' alguna vez la alcanzamos a vivir en nuestro país. Quizás la Selección Colombia que derrotó a Argentina en 1987, disputando el tercer puesto de la Copa América, la que empató con Inglaterra en 1989, o la que puso a temblar a Alemania en 1990, tenía algo de eso. Higuita, el 'Pibe' Valderrama, Redín, Leonel, y el 'Chonto' Herrera, dejaban el alma en la cancha; y a pesar de la derrota llenaban de orgullo a un país que combatía sin complejos. Ojalá que en estos partidos y de cara a la nueva reencarnación del 'Bolillo', el ejemplo charrúa nos inspire.
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