El ejemplo chino
La cultura es el espíritu y alma de una nación, y su poder consiste en propulsar el desarrollo.
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El Comité Central es la principal autoridad dentro del Partido Comunista de China, y sus 350 miembros, elegidos cada cinco años, hacen parte de un selecto grupo encargado de sugerir periódicamente los lineamientos estratégicos del país. Reconociendo este poder, uno de los aspectos más notorios de sus últimas reuniones es el énfasis que este organismo le ha brindado a la cultura y creatividad.
Durante el quinto plenario del Comité Central, el cual tuvo lugar en octubre del 2010, se indicó enfáticamente que “…la cultura es el espíritu y alma de una nación, y su poder consiste en propulsar el desarrollo…”. Paso seguido, el ente rector recomendó a las autoridades ejecutivas adelantar acciones encaminadas a promover la innovación cultural y las industrias creativas, al igual que satisfacer la demanda por bienes y servicios culturales, y hacer de este sector un factor protagónico en el dinamismo económico.
¿Qué ha pasado desde entonces? Los hechos hablan por sí solos. El valor agregado de la industria cultural china ha aumentado en un 25,8 por ciento y hoy representa el 2,75 por ciento del PIB, según lo valida la Agencia Nacional de Estadísticas. Lo interesante de esta evolución es que tanto el ministro de Cultura Cai Wu, como las autoridades económicas esperan que durante los próximos cinco años el sector represente el 5 por ciento del PIB.
Una revisión más detallada de los acontecimientos evidencia que las utilidades en sectores como el cine, donde las salas y pantallas se han quintuplicado en los últimos cuatro años, superan los 1.600 millones de dólares. Igualmente los negocios en materia de diseño, animación digital, arquitectura y artes escénicas continúan creciendo, hasta el punto que el Banco de China ha impulsado parques industriales especializados y fomentado la creación de fondos de capital encaminados a llevar empresas exitosas al mercado público de valores.
El ejemplo de China ha sido replicado por otros países BRIC, como es el caso de Brasil. El año pasado fue creada la Secretaría para la Economía Creativa dentro del Ministerio de Cultura, y actualmente avanza, bajo el liderazgo de Claudia Leitao, hacia el establecimiento de marcos regulatorios favorables, fomento técnico y financiero, formación de competencias creativas y exportación de bienes y servicios culturales. Para el Gobierno esta tarea es prioritaria, pues ya son más de cuatro millones de empleos directos los que este sector genera.
En el caso de Brasil, la agenda gubernamental se concentra en cinco frentes: patrimonio (material, inmaterial, archivos, bibliotecas y museos); expresiones culturales (artesanías, herencias populares y artes visuales); artes escénicas (danza, música, circo y teatro); audiovisuales y editorial (cine, televisión, publicaciones e impresos), y finalmente creaciones funcionales (moda, diseño, arquitectura y arte digital).
Lo que está ocurriendo en estos dos países, demuestra el valor de la cultura en su visión de largo plazo. Aquellas naciones que ignoren esta realidad caerán en el proverbio chino, según el cual ‘lo que no comprendemos, tampoco lo poseemos’.
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