Héroes de arte
Fuera de los abominables crímenes que Adolfo Hitler ordenó, y del largo listado de atrocidades efectuadas por sus tropas, existe una historia macabra que poco se conoce.
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Se trata de una conspiración encaminada a usurpar las principales expresiones artísticas de los países europeos y hacer de ellas el botín para adornar el proyecto imperial del nazismo.
En 1938, durante una estancia en la ciudad austriaca de Linz, el führer esbozó su deseo de construir allí el nuevo epicentro de la cultura europea mediante el levantamiento de un museo de arte que reuniera las obras confiscadas a sus enemigos, construyendo en su entorno una biblioteca, un teatro, un auditorio, un cine y una biblioteca; todos con dimensiones faraónica. Dentro de la agenda criminal estaba la apropiación total de las colecciones de arte de las familias judías en Europa, y con ellas engalanar una obra preponderante de su megalomanía, el Führer Museum.
En el fragor de la guerra, Hitler conformó un grupo especial de la SS, bajo el comando de Heinrich Himler, dedicado a tomar las principales colecciones, y para evitar riesgos en medio de los bombardeos, esconderlas lugares de difícil acceso.
Luego del ataque a Pearl Harbor, el l 7 de enero de 1941, y el ingreso de EE. UU. a la guerra, un grupo de hombres y mujeres sin formación militar, solo artística y museológica, motivados por prevenir un crimen cultural, se presentaron como voluntarios para jugar un papel estratégico en la guerra. Su propuesta era crear el primer escuadrón militar sin armamento, dedicado a recuperar los patrimonios culturales robados, preservar las obras más valiosas y contribuir en el análisis de los riesgos militares que podrían deteriorar el patrimonio histórico europeo.
El grupo adquirió el nombre ‘Hombres de monumentos’, y llevaron a cabo la más importante búsqueda de tesoros en toda la historia, como lo resalta Robert. M Edsel en el libro que dedicó a investigar este grupo de valientes héroes culturales. Obras de Donatello, Miguel Ángel, Leonardo, Rembrandt, Tiziano, entre otras, fueron recuperadas, y la sección de monumentos, bellas artes y archivos de las tropas aliadas, con su equipo de cerca de 300 efectivos, preservaron joyas que hoy son disfrutadas por la humanidad entera.
Nombres como los del historiador de arte Ronald E. Balfour, el escultor Walker Hanckock, Jacques Jaujard, director de los museos nacionales de Francia, James J. Rorimer, conservador del Met, en Nueva York, el conservador artístico George Stout o Rose Vallard, la conservadora voluntaria del Museo Jeu de Paume, son guerreros anónimos que protegieron patrimonios culturales de su exterminación.
Esta historia maravillosa será llevada al cine en el 2013, bajo la dirección de George Clooney, y, tal vez, gracias al séptimo arte, la humanidad conozca su verdadera dimensión. Por lo pronto, su heroísmo, 70 años después, es agradecido, a sí los que lo disfrutan en los museos del mundo, desconozcan quienes evitaron que el arte fuera otra víctima del nazismo.
IVÁN DUQUE MÁRQUEZ
ANALISTA INTERNACIONAL
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