Indignación

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Hace varios días la India se estremeció moralmente.
La violación y el asesinato de una joven que salió un día cualquiera a divertirse con su novio se convirtió en el símbolo colectivo del repudio a los vejámenes que a diario se presentan frente a las mujeres.
La víctima indefensa, que fue ultrajada, humillada y abusada de la manera más miserable, ha detonado un movimiento social de indignación sin precedentes.
Millones de personas marchan, reclaman y denuncian una sociedad que se ha mantenido silenciosa, indiferente y hasta hipócrita ante la vulnerabilidad de la mujer.
La gota que rebosó la copa ante la efervescente protesta colectiva fue la declaración que un alto oficial de la policía brindó a los medios, aduciendo culpabilidad en la víctima por salir de noche, exponiéndose al peligro.
Las reclamaciones populares, que según el analista Fareed Zakaria constituyen la “primavera India”, tienen un trasfondo mayor, que merece ser analizado.
La india es uno de los cinco países más peligrosos para las mujeres, como lo ha validado Trust Law, una entidad internacional sin ánimo de lucro que aboga por los derechos de la mujer.
En el caso de la India, la organización ha documentado que el 44,5 por ciento de las niñas contrae matrimonio inducidas por sus familias antes de los 18 años, y, lo que es aún más estremecedor, se calcula que en el último siglo se presentaron alrededor de 50 millones de infanticidios y abortos presionados, debido al sexo de las vidas en gestación.
La situación en los otros países que encabezan la lista negra es también alarmante.
En Afganistán, el 80 por ciento de las mujeres se casa contra su voluntad, mientras en el Congo hay más de mil violaciones por día y las mujeres no están facultadas para perfeccionar actos jurídicos sin la autorización de sus esposos.
En Pakistán, casi el 90 por ciento de las mujeres están expuestas a violencia doméstica y más de 800 mujeres son asesinadas en juicios de honor cada año, al mismo tiempo que en Somalia solo el 9 por ciento de las mujeres da a luz en condiciones clínicas adecuadas.
En las últimas semanas la India ha visto un llamado que pide el fin de la indiferencia y, al mismo tiempo, exige sancionar ejemplarmente a quienes abusan de la mujer.
América Latina debe mirar con atención lo que está ocurriendo, porque en nuestra región las violaciones, las agresiones domésticas, el acoso sexual, el machismo y la discriminación hacia la mujer no están superadas.
Es cierto que se han producido avances en la representación política, pero esto es tan solo un tenue consuelo mientras la dignidad femenina no pueda ser asegurada por una mejor cultura social y una ejemplar acción judicial.
La indignación de la India nos debe contagiar y servir de ejemplo para decir ¡NO MÁS!
Iván Duque Márquez
Analista - Consultor internacional
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