Lecciones de Montreal

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Montreal es una de las ciudades del mundo en las cuales las industrias creativas juegan un papel protagónico.
Representan cerca del 8 por ciento del PIB, y se han consolidado como el principal sello característico para la atracción de inversión y su inserción a la economía global.
En esta metrópoli, el sector creativo y cultural genera más empleos indirectos que el ramo de servicios, convirtiéndose en epicentro de innovación de Canadá, al albergar emprendimientos como el gigante de los videojuegos Ubisoft, Moment Factory y el Circo del Sol.
Llegar a este importante entorno fue producto de una agenda de largo plazo construida con el sector privado y la sociedad civil. Hace unos años, en una encuesta realizada por la Junta de Comercio de Montreal, se estableció que el 25 por ciento de las empresas de la urbe contribuye al financiamiento de organizaciones artísticas.
La agenda creativa incluyó el fortalecimiento de los sistemas educativos y la integración del sector privado con las principales universidades del área, la construcción de infraestructura cultural pública, la universalización del acceso a la conectividad, la conformación de incubadoras empresariales, la realización de festivales, la atracción de talento joven diverso al mercado laboral y la inclusión de minorías a la agenda de desarrollo.
Cabe anotar que el tener una población, en la que el 53 por ciento habla inglés y francés, y el 18 por ciento domina un tercer idioma, constituye un detonante de acceso cultural inigualable. Hoy, el sector cultural es el segundo en generación de empleo, después de tecnología.
Montreal cuenta con 106 festivales, más de 6.000 restaurantes, 100 museos, 65.000 sillas disponibles para eventos musicales y 17 parques de gran dimensión.
Además, ha logrado crear un distrito especializado en espectáculos, otro que gravita en la formación lúdica y acrobática para circos y uno concentrado en el sector de multimedia y animación.
Para mantener esta característica, la calidad de vida ligada a la seguridad, la movilidad y el medio ambiente ha sido foco de grandes inversiones públicas y privadas.
¿Qué podrían aprender las ciudades colombianas de esta experiencia?
Lo primero es cambiar de mentalidad y entender que la cultura y creatividad deben ser un pilar estratégico y un accesorio en los planes de desarrollo urbano.
Al tiempo, es necesario que el sector privado y la sociedad civil se unan con el Estado para fomentar inclusión cultural con infraestructura de calidad, y construyan mecanismos de identificación y estímulo al talento.
Entender que impulsar los emprendimientos hacia sectores creativos es un camino efectivo para abrir nuevas oportunidades de inserción laboral a la juventud, es determinante en los resultados.
Apostarle a esta agenda definirá qué ciudades se la van a jugar por potenciar el talento de su gente, convirtiéndolo en capital, y cuáles seguirán anquilosadas en el pasado.
Iván Duque Márquez
Analista - Consultor internacional
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