La ley de Newtown
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Lo ocurrido en Newtown, Connecticut, la semana pasada es la gota que rebozó la copa. Niños y profesores inocentes fueron privados de su vida por un criminal repentino que, sin motivo, inició una masacre, hiriendo el alma de los estadounidenses.
El fácil acceso a armamento de asalto y su combinación letal con individuos que albergan odios y sentimientos reprimidos está convirtiéndose en una constante.
Las lágrimas de Barack Obama en su rueda de prensa reflejan la impotencia de no poder lograr los consensos políticos para restringir las armas en manos de los civiles y, al mismo tiempo, el deseo de decir ¡ya basta!
En los EE.UU. existen cerca de 130 mil establecimientos comerciales con licencias para vender armas, de acuerdo con las estadísticas oficiales. Tan solo en el 2010, se fabricaron en territorio norteamericano más de cinco millones de armas de fuego, de las cuales el 95% fueron para el mercado interno.
Lo curioso del asunto es que de los cerca de 17 millones de exámenes que se realizaron para la adquisición de armamento el mismo año, menos del 1% concluyeron en solicitudes negadas.
Si se considera que la constitución de los EE.UU. contempla el derecho a las armas como un pilar del ejercicio de las libertades y se observa que el país tiene cerca de 88 armas por cada 100 habitantes, cambiar la actitud implica transformación cultural.
Muchos argumentarán en contra de las restricciones que países como Serbia, Suiza, Yemen, Finlandia, Uruguay y Suecia también tienen más de 30 armas por cada 100 habitantes, sin enfrentar los mismos casos de matanzas registrados en los EE.UU., orientando el problema hacia el ciudadano.
Pero, aunque esto sea cierto, ¿por qué no se deben imponer controles para evitar que los civiles se conviertan en poseedores de peligrosos arsenales caseros?
Naciones como Suiza e Israel, citadas como referentes de una población armada, han impuesto restricciones de tenencia, uso y porte.
En el caso de los EE.UU., los estudios dicen que los estados con más propietarios de armamento son también los que presentan más homicidios con arma de fuego. En 50 de las 60 masacres sucedidas en los últimos 30 años, los asesinos portaron armamento adquirido legalmente.
El presidente Obama y el Congreso debe llegar a un acuerdo, asi el 54% de la población rechace los controles.
No se trata de una restricción total, porque esto es políticamente inviable.
El camino es prohibir la venta de armas de asalto, unificar los sistemas de registro, impedir la concentración de armamento, mejorar la revisión de antecedentes y restringir el porte.
No puede haber vacilaciones.
Las almas de niños inocentes no deben ser ignoradas y merecen ser la base de un cambio cultural que no da espera.
Iván Duque Márquez
Analista y Consultor internacional
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