El poder y las masas
El desafío de Barack Obama radica en demostrar si está dispuesto a enfrentar la sabiduría de la masa
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En el año 2004, James Surowiecki publicó un libro llamado The Wisdmon of the crowds, en el que buscó demostrar cómo la sapiencia derivada de la agrupación diversa de opiniones individuales puede ser más efectiva y precisa que la emitida individualmente por expertos y gurús.
Uno de los ejemplos que fueron utilizados para elaborar su tesis se remota a las estadísticas del programa Quién quiere ser millonario, donde, en EE. UU., el 91% de las ayudas del público fueron acertadas en comparación con un 65% de las llamadas a un amigo 'experto'.
Según Surowiecki, para que la sabiduría grupal cobre vida, es importante contar con cuatro elementos: diversidad de opiniones, es decir, que la masa no esté conformada por personas que compartan un reconocido sesgo ideológico; independencia de criterio, o sea, que al emitir sus opiniones lo puedan hacer libre y discretamente; descentralización, lo que implica que la masa esté conformada por personas de distintas regiones, y agregación, lo que se traduce en poder combinar todas las opiniones para proyectar un patrón.
Conforme a esta metodología, muchas de las más importantes organizaciones dedicadas a realizar encuestas sobre políticas públicas en EE. UU., se preocupan por asegurar que estos factores sean tenidos en cuenta a la hora de intentar proyectar la opinión generalizada de un país inmensamente diverso.
Una de estas organizaciones es el Chicago Council on Global Affairs, que desde 1970 realiza una encuesta nacional sobre la percepción del pueblo norteamericano hacia los principales problemas de política pública.
Los hallazgos de la muestra realizada para el 2010 muestran algunos datos sorprendentes.
En cuanto al rol de EE. UU. como potencia, que en el 2002 el 55% de la población veía con gran liderazgo, hoy sólo el 24% lo percibe así. Igualmente, el 59% de los encuestados considera que la próxima generación de norteamericanos estará económicamente peor.
Frente a la globalización, el 65% de los sondeados piensa que es perjudicial para el empleo, sólo el 33% considera que el comercio internacional es muy importante para la sociedad estadounidense, y en el caso del TLC con Colombia, el 58% está de acuerdo con no ratificarlo.
Desde la óptica de las relaciones internacionales, el 74% está convencido de que la inmigración es negativa para el empleo, y lo que es peor, los únicos países considerados importantes en América Latina son México (33%) y Brasil (10%). Para cerrar esta serie de reflexiones, la prioridad de la política exterior de la Casa Blanca debe, según el 69% de los encuestados, orientarse a crear empleos locales.
Contrario a lo que piensa Surowiecki, este sondeo evidencia que el pueblo norteamericano va en contra de lo que el mundo necesita de la principal potencia. Integración comercial, apertura migratoria, mayor cooperación con las economías emergentes, son necesidades urgentes. Lo preocupante es que a dos años de elecciones presidenciales falta ver si estas percepciones influirán en la forma como el Ejecutivo y el Congreso orientarán su relación con el mundo.
El desafío de Barack Obama radica en demostrar si está dispuesto a enfrentar la sabiduría de la masa. En esta difícil batalla mostrará si prefiere ser un político o un estadista, aunque esto implique no ser reelegido.
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