‘Mentefacturas’ y cambio
Islandia y Australia son países donde la cultura ha sido vista como motor de crecimiento.
Actualizado:
Hace unos años, Richard Florida, experto en desarrollo urbano e industrias creativas, publicó un libro controversial denominado El gran reinicio, en el que explicaba cómo en los momentos de mayor crisis económica se incubaban grandes transformaciones en materia de innovación.
Mirando la experiencia de Estados Unidos, Florida expresó que luego de la crisis de 1870 tomó fuerza un modelo dinámico de manufacturas que le permitió a la economía estadounidense salir adelante. También indicó que durante la Gran Depresión se dio lugar a una de las etapas de mayor progreso tecnológico en territorio norteamericano.
Aplicando estos elementos históricos, Florida planteó que ante la crisis internacional iniciada en el 2008, las industrias culturales y creativas están llamadas a ‘resetear’ una nueva etapa de expansión económica en ciudades y países. La esencia de los argumentos se concentra en el poder que tienen las ‘mentefacturas’ derivadas del matrimonio entre las artes, los medios, el patrimonio ancestral y las creaciones funcionales, las cuales se convierten en una fuente de empleo y riqueza basada en la propiedad intelectual.
Los argumentos de Florida fueron cuestionados endilgándole un sobredimensionamiento del impacto que las industrias creativas pueden generar. Hoy, la revolución silenciosa, detrás de la recuperación económica de Islandia (una de las primeras víctimas de la crisis del 2008), y el auge del cine, el diseño y la animación digital en Australia, se han convertido en un validador del impacto socioeconómico de la cultura.
En el caso de Islandia, gracias a una agenda integral implementada en los últimos seis años, las industrias creativas superaron el peso económico de sectores tradicionales, proyectándose como una vibrante fuente de ingresos que supera los 1.200 millones de dólares. Los incentivos tributarios y las iniciativas de exportación especializada en la música (www.icelandmusic.is), además de atraer a los gigantes de Hollywood, han logrado movilizar turismo hacia una emocionante plataforma de festivales, distritos artísticos y conciertos. Por su parte, los ingresos de la industria de videojuegos han aumentado en un 600 por ciento en los últimos tres años, y hoy representan cerca de 42 millones de dólares en ventas.
Al observar la aproximación australiana, que buscó profundizar las industrias culturales como un pilar de su estrategia nacional de mediano plazo, se encuentra que el sector emplea cerca del 6 por ciento de la fuerza laboral, y las exportaciones de bienes y servicios creativos se han triplicado desde el 2008.
Las externalidades de esta revolución silenciosa se han hecho sentir en el turismo y el florecimiento de las creaciones funcionales como el diseño, la arquitectura, la animación y la publicidad, donde la juventud está encontrando oportunidades de empleo.
Islandia y Australia son países donde la cultura ha sido vista como motor de crecimiento. En América Latina tenemos el potencial para hacerlo, y por eso debemos ver el capital detrás de nuestro talento como la piedra angular de un nuevo modelo de desarrollo humano.
Temas relacionados
Ponte al día