Obama y sus enemigos
Hasta el momento, Obama cuenta con el 46 por ciento de popularidad, habiendo cumplido con las reform
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Alberto Lleras solía decir que "en política lo único predecible es lo impredecible". Esta frase podría ser de gran utilidad para los analistas que, desde ya, se atreven a sentenciar que Barack Obama no será reelegido.
Los comentaristas que ven el crecimiento del famoso TEA Party como la respuesta de la ultra derecha a las políticas de Obama, y le auguran el destino de tomarse el liderazgo del Partido Republicano, parecen no estar viendo más allá de los titulares, dejando de lado la evaluación minuciosa de las tendencias y la historia política norteamericana.
Si bien el Tea Party -ala radical republicana que rechaza los aumentos de impuestos, la cobertura universal de salud con subsidios hacia la población más vulnerable y aboga por un Estado pequeño, con mayor autonomía para los regímenes estatales- está cobrando fuerza, existe la posibilidad de que, gracias a su intransigencia ideológica, terminen favoreciendo los deseos demócratas de mantener la mayoría de las dos Cámaras en las elecciones de noviembre.
La razón es muy sencilla, los candidatos del TEA que ganaron las primarias dentro del Partido Republicano son percibidos como radicales, y cada día más pierden espacio en las encuestas frente a los contendores demócratas. Las posiciones frente a la inmigración, los derechos de los homosexuales, la tolerancia religiosa y el medio ambiente, expresados por los líderes de esta disidencia, cuya voz orientadora recae en Sarah Palin, no dejan de causar rechazo y preocupación en el electorado centrista.
La Casa Blanca y los líderes del Partido Demócrata son conscientes de que, salvo el caso de George W. Bush, en el 2002 -en el que la unidad nacional emanada del 11 de septiembre favoreció al Presidente en ejercicio-, el partido de Gobierno suele perder escaños y mayorías en las primeras elecciones de medio término.
Por lo tanto, el surgimiento de una vertiente fundamentalista republicana ha inclinado la balanza de manera más favorable, frente a lo que hace pocos meses parecía una muerte anunciada. Las encuestas indican que, para la campaña de Senado, los demócratas tienen asegurados 44 escaños y 4 más están inclinándose fuertemente a su favor, frente a lo cual sólo requieren 3 para obtener mayoría, en un entorno donde hay 7 contiendas apretadas con tendencias hacia el partido de Gobierno.
En el caso de la Cámara de Representantes, los demócratas tienen asegurados 141 escaños y 53 se inclinan seriamente a su favor, requiriendo sólo 15 asientos para mantener las mayorías. La prueba de fuego estará en las 37 contiendas que se encuentran apretadas y frente a las cuales la polarización entre progresistas y miembros del Tea Party puede favorecer a que los seguidores del Presidente mantengan la mayoría o sufran una leve derrota.
Hasta el momento, Obama cuenta con el 46 por ciento de popularidad, habiendo cumplido con las reformas de salud, sector financiero y estímulos económicos que prometió en su campaña. Predecir cuál será su destino es prematuro. Lo cierto es que si su rival en el 2012 es Sarah Palin, sus enemigos deben prepararse para verlo gobernar otros cuatro años, pues los radicales, como ocurrió con Barry Goldwater en 1964, están llamados a espantar a los votantes.
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