El pan y los libros

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En septiembre de 1931, el maestro Federico García Lorca fue invitado a su pueblo natal, Fuente Vaqueros, situado 18 kilómetros al oeste de la ciudad española de Granada.
El motivo de su presencia no era otro distinto al de ser el orador principal en la inauguración de la biblioteca municipal. Gracias al matrimonio sublime entre el intelectual y los libros, similar al del artesano con sus materias primas y su convencimiento sobre el poder de la lectura, la orientación poética y la claridad de las ideas, el genial escritor elaboró una de las más profundas reflexiones sobre el papel de los libros y los lectores en la transformación social.
“No sólo del pan vive el hombre”, expresó el poeta antes de señalar que si “tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino medio pan y un libro”.
El racionamiento detrás de esta consigna estaba basado en el rechazo hacia quienes en el discurso social minimizan o ignoran el papel de las reivindicaciones culturales. Para García Lorca un ser humano que quiere saber y no puede, por la escases de medios, padece de una crónica agonía existencial. De ahí que todo esfuerzo por eliminar las brechas de la desigualdad intelectual, mediante la provisión de libros y conocimiento es una labor para erradicar el hambre del saber, mucho más en los lugares apartados, donde la exclusión geográfica es un obstáculo adicional.
¡Libros!, ¡libros! “es lo que los pueblos deben pedir para subir las cumbres del espíritu”, manifestó el gran autor de la Generación del 27, concluyendo que la cultura es el camino para resolver los problemas de un pueblo “lleno de fe, pero falto de luz”.
Reflexionando sobre ese poderoso discurso vale la pena adentrarse a los reportes sobre el espacio iberoamericano del libro producido por el Centro Regional para el Fomento del Libro, en América Latina y el Caribe.
En Iberoamérica existen cerca de 17.000 agentes editores que registran libros, de los cuales cerca del 90 por ciento son privados.
En cuanto a librerías, América Latina se encuentra atrasada con relación a España, donde existen 10.000 habitantes por librería frente a 100.000 habitantes por librería en la región, dentro del universo de países analizados. A esta realidad hay que agregarle el costo que los libros tienen para los segmentos de menor ingreso y el deprimente acceso a literatura y publicaciones en las zonas rurales.
Por estas razones, durante los últimos años países como Brasil, Argentina, México y Colombia han puesto en marcha una agenda ambiciosa de bibliotecas y planes de lectura, brindando una amplia oferta cultural.
En el caso de Colombia, entre el 2002 y el 2012 se ha ido creando una red de bibliotecas al igual que una estrategia de masificación de la lectura. Aún faltan muchos países por seguir esta ruta, y para ello es necesario que los líderes políticos entiendan que de ella depende formar mentes libres que fortalezcan la esencia de la democracia.
Iván Duque Márquez
Analista
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