Predicar y aplicar
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Han pasado casi cinco años desde que el TLC entre Colombia y EE. UU. fue firmado. En este lapso, a Colombia se le han formulado varias solicitudes adicionales en materia laboral, motivadas por la presión de los grandes sindicatos norteamericanos.
El último listado de condiciones presentado fue hace pocas semanas cuando el presidente Obama anunció que enviaría al Congreso el anhelado acuerdo. Entre los compromisos asumidos por Colombia están la creación de un Ministerio de Trabajo con un mayor número de inspectores laborales, criminalizar a los empleadores que impidan la organización colectiva e introducir más exigencias a las cooperativas laborales y agencias de servicios temporales.
En estas peticiones existen factores de preocupación.
La criminalización de conductas de los empleadores, con una gran variedad de nuevas tipificaciones, incluidos el castigo a esquemas de pactos colectivos con no sindicalizados, creando un incentivo de plano a la sindicalización, es grave. Con esto, se forma un ambiente de desbalance y confrontación en las relaciones de empresas y trabajadores, principalmente en las pymes. Otro elemento de gravedad es el relativo a las cooperativas y prestadoras de servicios temporales.
Al exigirles que deben contar con los mismos requisitos prestacionales de quienes están vinculados con contrato de trabajo, no sólo se dejará gente por fuera del mercado laboral, sino que se atentará contra la esencia y naturaleza de los servicios de tercerización y outsourcing.
Ante las exigencias aceptadas es bueno recordar varias cosas. Colombia, desde 1936, incorporó en sus ordenamientos constitucionales el derecho de huelga y asociación sindical como un derecho fundamental, y fue reforzado en la Carta de 1991. Nuestro país es miembro de la OIT desde 1919 y ha ratificado los Convenios Fundamentales de la Organización consagrados en la Declaración de 1998, entre los que están la libertad de asociación (87) y protección a la organización sindical (98).
Por su parte, EE. UU. sólo ha ratificado dos de las ocho convenciones principales referentes a trabajos forzados e infantil, y está en proceso de ratificación la relativa a discriminación.
Las demás no han sido ratificadas por estar en conflicto con normas nacionales o estatales, y lo que es peor, ninguna de las solicitudes formuladas a Colombia han sido adoptadas de manera generalizada en los 50 estados.
No hay duda de que el TLC se ratificará pronto.
Lo triste será que los sindicatos norteamericanos sacarán pecho por habernos impuesto lo que en su país acordaron políticamente no hacer desde hace rato, mientras en Colombia celebraremos con normas que pueden hacer más difícil que la locomotora de la innovación, jalonada por las pymes, arranque con dinamismo. Algo de razón tenía Bertrand Russell, cuando dijo que “la humanidad tiene una moral doble: una, que predica y no practica, y otra, que practica, pero no predica”.
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