El próximo 'round' de Obama
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Independiente de los resultados del famoso 'súper martes' agendado para el próximo 5 de febrero en el que los candidatos demócratas medirán sus fuerzas para quedarse con la nominación presidencial, Barack Obama ya ganó. Aunque no obtenga la victoria en las primarias, su imagen y discurso lo han convertido en un fenómeno sin precedentes en la historia electoral reciente de los Estados Unidos.
Hace cuatro años Barack Obama era una figura conocida en la política del estado de Illinois, donde había ocupado por dos períodos una silla en el Senado Estatal. A partir de su brillante discurso en la Convención Demócrata del 2004 respaldando a John Kerry e invitando a la unidad nacional, irrumpió en la política estadounidense como un líder que podría convertirse en un senador estrella y en el primer presidente afroamericano.
Su discurso ovacionado caló en los asistentes y lo proyectó como el futuro de un partido, que debido al 'centrismo' de los años noventa, había perdido gran parte de la agenda ideológica frente a la aplanadora republicana. A pesar de motivar la unidad nacional, tuvo la firmeza de expresar que la agenda republicana se había olvidado de la clase media y que por el prurito guerrerista en Irak y los recortes tributarios en favor de los más ricos había engendrado un enorme déficit fiscal que sería pagado con dolor por las generaciones futuras.
Hoy, cuatro años después de su ingreso en la escena nacional como senador por Illinois, Barack Obama es un fenómeno político. Las razones detrás de su éxito no solo tienen que ver con la solidez de su discurso y condiciones personales. Las victorias obtenidas en Iowa y Carolina del Sur son la muestra de la voluntad de cambio que un sector de la población clama a gritos.
Obama ha encarnado el cambio de una manera incontrovertible. Según sus discursos, es contradictorio que un país que se precia de ser la más fuerte de las democracias tenga en la Casa Blanca dos apellidos por un período de 32 años, en caso que Hillary gane las elecciones. Si se cuentan los 12 años de Bush padre como vicepresidente y como presidente, sumados a los dos períodos de Bill Clinton y los dos de Bush hijo, es evidente que durante 28 años se han rotado el poder dos familias.
No en vano algunos analistas señalan que las primarias demócratas serán un debate entre quienes votarán por Bill Clinton como 'primera dama' y quienes promueven una nueva generación de liderazgo.
Hillary ha intentado descalificar a su principal contendor por su falta de experiencia, pero sus cuestionamientos no han sido bien recibidos. Los Clinton no la tienen fácil, pues aunque las encuestas siguen favoreciendo a la ex primera dama, no se puede desconocer que las victorias de Obama han sido aplastantes y cada día adquiere más adeptos. Hasta el momento ha sido el candidato que más recursos ha conseguido de donantes individuales, cuenta con el mayor número de delegados y ha obtenido el mayor número de votos dentro de su partido.
Barack Obama ha demostrado que su discurso se ganó las nuevas generaciones demócratas y la credibilidad de personalidades emblemáticas del partido demócrata. Caroline Kennedy, hija del asesinado ex presidente, dijo que veía en él lo que su padre fue en los años sesenta, y su tío Edward lo respaldó incondicionalmente. Hillary Clinton llegó a la contienda creyendo que ganaría por knock out, pero contrario a lo que muchos piensan, el superpartes demostrará que esta disputa se resolverá por decisión en la Convención Demócrata y que Obama es el futuro de su partido gane quien gane la nominación.
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