Reino creativo

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Una de las grandes tareas que deben asumir los países de América Latina, en aras de fomentar la innovación, consiste en hacer de las industrias creativas un motor de desarrollo económico.
Esto implica que la arquitectura, el diseño, las artes, la literatura, la publicidad, la animación digital, la música, la televisión y el cine, sean vistos como un componente dinámico de la economía, capaz de generar empleo de calidad y facilitar la movilidad social.
Para entender el peso económico de las industrias creativas basta con darle una mirada al reporte que sobre este sector produjo el Ministerio de Comercio e Inversión del Reino Unido hace pocos meses. Examinando el subsector de la moda se hace notorio que los diseñadores británicos exportan dos terceras partes de la ropa que producen, mientras las ventas en el exterior de vestuario equivalen a 12 mil millones de dólares.
En el caso del cine, las exportaciones en el 2008 fueron cercanas a los 2.600 millones de dólares.
Por el lado de la música, las cifras muestran que con una población cercana a los 63 millones de habitantes, el país representa el cuarto mercado global y las regalías a compositores locales han crecido aceleradamente.
En cuanto a otras expresiones, las artes escénicas generaron en el 2010 más de14 millones de visitas a los distintos teatros de las ciudad de Londres y, como si fuera poco, las cerca de 15 mil agencias de publicidad en el territorio emplean alrededor de trescientas mil personas.
Gracias a todos estos y muchos más indicadores, el Reino Unido cuenta hoy con el sector de industrias creativas más fuerte del mundo en proporción al tamaño de su economía, representando un poco más del 6 por ciento del PIB y empleando aproximadamente un 1’300.000 personas.
¿Cuál ha sido la clave para estos logros? La respuesta se encuentra en haber modificado los pénsum académicos ubicando en un mismo plano prioritario la formación matemática y lingüística con la formación humanística, científica, deportiva y artística, facilitando que el talento progrese en las áreas de mayor aptitud. De igual manera, se destaca el estímulo al emprendimiento creativo y cultural y dotar a las localidades de infraestructura propia para la expresión vocacional y la profundización de habilidades tales como teatros, conservatorios, bibliotecas, etc.
Por supuesto, la calidad educativa orientada hacia la identificación y promoción del talento es determinante fundamental.
Aunque Colombia ha aumentado su potencial exportador de bienes y servicios culturales, con cerca de 650 millones de dólares (el 0,02 por ciento de las exportaciones), hace falta una agenda pública más agresiva para aumentar el peso de las industrias creativas en nuestra economía. Para eso vale la pena que el presupuesto del Ministerio de Cultura que equivale a dos días del Ministerio de Defensa se incremente estratégicamente hacia estos sectores y que los ministerios de Comercio, Educación y Cultura trabajen de la mano en una agenda de talento innovador. El ejemplo del Reino Unido nos debe servir de inspiración.
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