De Tiananmen a Wall Street
Ahora la historia determinará si el más exitoso inversionista norteamericana entregará su legado a u
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Warren Buffet es uno de los grandes íconos del capitalismo contemporáneo. A sus ochenta años de edad, cumplidos el pasado 30 de agosto, y con una fortuna que supera los cuarenta y siete mil millones de dólares, se le suma el reconocimiento público como el más exitoso inversionista vivo y uno de los tres hombres más ricos del planeta.
Curiosamente, luego de haber donado gran parte de su fortuna a la Fundación Gates, Buffet se ha propuesto iniciar un proceso de sucesión en la firma Berkshire Hathaway, con la que ha alcanzado sus más importantes logros profesionales.
Lo interesante es que uno de los hombres llamados a ocupar su lugar sea Li Lu, un ciudadano chino de cuarenta y cuatro años de edad, que pisó EE. UU. por primera vez hace veintiún años. La historia de Lu es todavía más asombrosa que la de Buffett. Nacido en 1966, en medio de la revolución cultural de Mao, en una familia cuyos padres fueron asignados, contra su voluntad, a trabajos en minas de carbón y centros de concentración laboral, Lu padeció una niñez marcada por la escasez.
A pesar de las dificultades y gracias a los beneficios de la educación pública, logró sobresalir ingresando a la Universidad de Nanjing, donde obtuvo un título en física.
A partir de ese momento y con el ímpetu de reclamar mayor libertad, Lu se convirtió en uno de los más activos promotores de las famosas protestas en la Plaza Tiananamen, que en 1989 se tornaron en un símbolo trágico y a la vez heroico de la lucha por mayor apertura política en China, que observaba con timidez el fin de la Guerra Fría.
Como revolucionario desafiante, y gracias a las gestiones de varias ONG, Lu salió de China hacia Francia en 1989. Luego fue invitado por la Universidad de Columbia para dar algunas charlas y fue allí donde cambió su vida, al obtener una beca que lo convertiría, en 1996, en el primer estudiante de ese centro educativo en culminar simultáneamente tres grados (Derecho, Economía y una Maestría en Administración de Empresas).
Con títulos encima, un idioma ya dominado y un deseo voraz de triunfo, creó varias compañías de inversiones y administración de fondos, cuyos resultados y rentabilidad le merecieron la atención de Warren Buffet y sus socios. En el 2002, con pocos años de experiencia como inversionista, Lu le apostó a la fabricante de baterías china BYD, la cual al poco tiempo adquirió una vieja industria de carros en territorio mandarín que se encontraba cercana a la quiebra.
Hoy esa firma es una de las mayores productoras de automóviles en China y los doscientos treinta millones de dólares que Berkshire Hathaway invirtió en ella, gracias a la persuasión de Lu, equivalen hoy a más de mil quinientos millones de dólares.
La rentabilidad de los fondos manejados por este revolucionario convertido en próspero capitalista ha logrado tasas de retorno cercanas al 30 por ciento, lo que para Berkshire es un gallina de los huevos de oro.
Li Lu condujo a Buffet a conquistar el mercado de la segunda economía del mundo. Ahora la historia determinará si el más exitoso inversionista norteamericana entregará su legado a un chino, anticipando la transición que muchos auguran, tendrá lugar en el siglo XXI.
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