Consenso macroprudencial
El reto para todas las economías está en la definición de los instrumentos, las reglas y las discrec
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Entre las múltiples lecciones que in extenso se han recogido sobre la última crisis financiera, se encuentra la aplicación de políticas macroprudenciales. Dicha política está ligada a los riesgos sistémicos del mercado financiero y busca reducir la probabilidad de que ocurran crisis financieras y que estas desestabilicen la política macroeconómica. Para ello es necesaria una coordinación de políticas y una buena identificación de los instrumentos macroprudenciales que resultarían útiles para cada país.
Asia es quien más ha utilizado dichos instrumentos, tras haber aprendido de su crisis de 1997; pero Europa y América Latina muestran avances importantes en este sentido; aunque tienen serios retos.
Malasia, por ejemplo, en 1995 estableció límites al crecimiento del crédito al sector inmobiliario, así como a la relación préstamo/valor del activo; mientras que Singapur lo hizo en 1996; pero Hong Kong, que lo había hecho desde 1991, ahora vuelve hacerlo, aunque establece además límites sobre la relación préstamos/depósitos.
En América, Brasil ha decidido aplicar límites al crecimiento del crédito en cada banco y ha restringido el monto de valores en moneda extranjera en posición de cada entidad financiera; medida que también aplicó Colombia, México y Perú, quienes, además, restringieron la inversión extranjera de los fondos nacionales de pensiones.
Mientras la mayoría de países latinoamericanos han establecido las provisiones dinámicas (acumulación de reservas contra pérdidas previstas en tiempos de auge, para emplearlas en tiempos de crisis), una especie de regla monetaria privada; Colombia y Perú han hecho uso de encajes legales marginales sobre depósitos en cuentas de ahorro, cuentas corrientes y certificados de depósito en medio de una perspectiva de recalentamiento en el 2007.
Estas medidas, sumadas a los mecanismos de supervisión, revelaron que la fe que existía antes de la reciente crisis por un sistema financiero flexible y por un riesgo sistémico remoto era equivocada.
Según el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, la evidencia empírica reciente muestra que usar instrumentos prudenciales tradicionales con fines macroprudenciales contribuye a mejorar la capacidad de reacción del sistema financiero; y por ello, ha llevado el tema al G-20, en donde se han dado discusiones y se han planteado algunas recomendaciones producto de un consenso.
Según el Fondo Monetario Internacional, “las políticas macroprudenciales no deben ser un sustituto de las políticas fiscales y monetarias que desempeñan un papel anticíclico primordial”, lo cual es acierto para una entidad cuestionada por sus recomendaciones, pero el reto para todas las economías está en la definición de los instrumentos, las reglas y las discreciones; así como en los mandatos de la banca central, la relación entre esta y las instituciones de vigilancia y control y la instancia de cierre para la toma de decisiones sobre la forma y utilización de los instrumentos macroprudenciales.
Asia es quien más ha utilizado dichos instrumentos, tras haber aprendido de su crisis de 1997; pero Europa y América Latina muestran avances importantes en este sentido; aunque tienen serios retos.
Malasia, por ejemplo, en 1995 estableció límites al crecimiento del crédito al sector inmobiliario, así como a la relación préstamo/valor del activo; mientras que Singapur lo hizo en 1996; pero Hong Kong, que lo había hecho desde 1991, ahora vuelve hacerlo, aunque establece además límites sobre la relación préstamos/depósitos.
En América, Brasil ha decidido aplicar límites al crecimiento del crédito en cada banco y ha restringido el monto de valores en moneda extranjera en posición de cada entidad financiera; medida que también aplicó Colombia, México y Perú, quienes, además, restringieron la inversión extranjera de los fondos nacionales de pensiones.
Mientras la mayoría de países latinoamericanos han establecido las provisiones dinámicas (acumulación de reservas contra pérdidas previstas en tiempos de auge, para emplearlas en tiempos de crisis), una especie de regla monetaria privada; Colombia y Perú han hecho uso de encajes legales marginales sobre depósitos en cuentas de ahorro, cuentas corrientes y certificados de depósito en medio de una perspectiva de recalentamiento en el 2007.
Estas medidas, sumadas a los mecanismos de supervisión, revelaron que la fe que existía antes de la reciente crisis por un sistema financiero flexible y por un riesgo sistémico remoto era equivocada.
Según el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, la evidencia empírica reciente muestra que usar instrumentos prudenciales tradicionales con fines macroprudenciales contribuye a mejorar la capacidad de reacción del sistema financiero; y por ello, ha llevado el tema al G-20, en donde se han dado discusiones y se han planteado algunas recomendaciones producto de un consenso.
Según el Fondo Monetario Internacional, “las políticas macroprudenciales no deben ser un sustituto de las políticas fiscales y monetarias que desempeñan un papel anticíclico primordial”, lo cual es acierto para una entidad cuestionada por sus recomendaciones, pero el reto para todas las economías está en la definición de los instrumentos, las reglas y las discreciones; así como en los mandatos de la banca central, la relación entre esta y las instituciones de vigilancia y control y la instancia de cierre para la toma de decisiones sobre la forma y utilización de los instrumentos macroprudenciales.
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