Observatorios del mercado de trabajo

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El Ministerio de Trabajo y el Departamento para la Prosperidad Social, bajo la coordinación del PNUD, emprendieron el año pasado la creación y el fortalecimiento de 19 observatorios regionales del mercado laboral.
Todos ellos iniciaron por caminos diferentes y hoy se encuentran en estados de avance distintos; sin embargo, todos tienen la obligación de identificar sus fuentes de financiamiento a futuro, ya que el impulso financiero de las instituciones nacionales se tiene previsto hasta el 2014.
Siempre será un reto definir, crear e implementar un sistema de información local capaz de reflejar la realidad del mercado laboral en sus diferentes ámbitos; así como es innegable el aporte que tendrían en la construcción de políticas o programas de empleo local, los cuales estarían más centrados en sus propias realidades y menos contaminados de promesas e ideas electorales.
Además, podrían revolucionar la forma de construir propuestas de empleo, pues es habitual que los municipios piensen en reducir el desempleo a costa de un repunte de la construcción o del impulso que le pueda generar su sector representativo, y pocas veces estudian la posibilidad de atacar las estructuras generadoras del subempleo, la informalidad y la pobreza.
Según la OIT, un examen hecho en Asia y América Latina sobre la creación de empleos productivos y decentes revela que los países que más han avanzado lo hicieron gracias a la aplicación de políticas con amplia protección social, activos apoyos a la diversificación de sus economías, facilidades de accesos a la financiación y la existencia de instituciones gubernamentales estables y sólidas respetuosas del Estado de derecho, los derechos humanos, los derechos de propiedad y un entorno favorable a la creación y el desarrollo de empresas.
En tal sentido, el reto es grande, y si bien la realidad local es compleja, pues se requieren unos observatorios con buena capacidad de análisis, interpretación y captura de información, la cual debe ser dinámica y prospectiva con el fin de convertir los datos en propuestas y los hallazgos inquietantes en alertas tempranas. Deben estar dotados de sus equipos de investigación, sus propias metodologías y su propio sistema de indicadores, así como deben organizarse de tal manera que definan su estructura organizativa y la estrategia de divulgación y acción pública.
Conviene recordar que su espíritu es observar aquellos fenómenos, actividades, hechos, casos o eventos que previamente se definan mediante acuerdos entre los miembros, y que su sostenibilidad y utilidad social depende de la calidad de la información que procesen y produzcan, así como de la capacidad del recurso humano, técnico y económico que incorporen.
Por ningún motivo deben perder su foco observador, ni permitir la incursión de políticos dentro de él; y ojalá que el afán por capturar recursos para sostenerse no los conviertan en un centro de consultoría.
Jorge Coronel López
Economista y profesor U. de Medellín
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