Ortodoxia gringa, praxis brasileña

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La aún inconclusa crisis financiera de Estados Unidos del 2008 y la frágil recuperación de su economía han pasado a un segundo plano por cuenta de la crisis de la deuda que se avecinó y que puso en evidencia el desajuste financiero del país.
Pese a que se aprobó el aumento del techo de la deuda con ciertas condiciones, todavía no se resuelve el problema de fondo, la economía seguirá manifestando sus convulsiones, las agencias calificadoras pasarán factura trasnochada y tardía por estos problemas y las bolsas seguirán temblando.
Hay que recordar que, mientras Estados Unidos discutía su intervención en Irak, sus ataques a Afganistán, su guerra sucia contra los que denominó “eje del mal” y se aprobaba financiamiento público para ello, bajo el rubro de “gastos de emergencia”, se fraguó la crisis financiera pasada y se provocaron desajustes en sus finanzas públicas por autorizaciones hacia un gasto desmedido, con la connivencia de todas las autoridades que permitieron la focalización de recursos para el creciente gasto en materia militar.
La fuerte presión ejercida por el gasto y la necesidad de financiamiento obligó un acuerdo entre republicanos y dremócratas, el cual autoriza al Gobierno a endeudarse para cubrir pagos previstos en el corto plazo, pero no le permite hacer una reforma tributaria que busque eliminar las exenciones otorgadas por Bush, que siguen siendo muy cuestionadas.
Al contrario, el convenio obliga un estricto control presupuestario que sacrifica el gasto social, lo cual es políticamente inadecuado en año de elecciones (ventaja republicana), y económicamente incorrecto en pro de una recuperación.
Entretanto, Brasil, con Lula, dedicó esfuerzos para el diseño de políticas proclives al bienestar, a la creación de puestos de trabajo y a la reducción de la pobreza, que exigían más intervención estatal y permitieron que 28 millones de personas salieran de la pobreza, según cifras oficiales.
Esto se hizo en medio de críticas al Gobierno, por su política exterior, sus constantes reclamaciones ante la OMC por trabas al comercio de productos brasileños y por su postura frente a Venezuela, Irán y China.
Sin embargo, el cambio de gobierno de Lula a Rousseff marca una continuidad en dichas políticas, tanto que la Presidenta acaba de lanzar sus planes ‘Brasil sin miseria’, para darle continuidad a la política social iniciada por su antecesor, y ‘Brasil mayor’, con el que pretende apoyar y defender la industria nacional, impulsar las exportaciones de manufacturas con valor agregado y controlar el comercio desleal y el contrabando.
Para ello ha propuesto otorgar exenciones tributarias por 16.000 millones de dólares por dos años, con el fin de fomentar la creación de empleo, promover la innovación y mejorar la competitividad.
Los planes serán evaluados dentro de dos años por un comité tripartito (Gobierno, sindicalistas y empresarios).
Mientras Bush se dedicó a fabricar guerras y gobernó otorgando beneficios a los más ricos, Lula pensó en el sindicalismo, la pobreza y la desigualdad social; banderas que recoge Dilma Rousseff.
Bush salió cuestionado y Lula recorre el mundo atendiendo invitaciones. Entretanto, a Obama le seguirán cobrando el haber nombrado en altos cargos a ex directivos involucrados en la pasada crisis.
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